jueves, 4 de marzo de 2010

Discos: “Chico no correspondido (lados A, B y C)” (Chico Ninguno, 2009).-

Santiago Alcaráz, Tato y Chico Ninguno son las tres caras de un mismo músico y, tal vez, cada una coincida con el humor de un lado del triángulo que es su ópera prima: A) festivo, B) instropectivo y C) experimental.

Por Guillermina Watkins
Buenos Aires, marzo 1 (Agencia NAN-2010).- Con un camino marcado por bandas como Los Increíbles Ciudadanos Vivientes, Adicta, San Martín Vampire, Víctimas del Baile y Falso Primer Ministro, Chico Ninguno intenta recuperar las líneas de aquel pop noventoso pero con sonido propio. Frivolidad, excentricismo, brillo, trasvestimo y sobre todo una incitación constante a la fiesta son las claves de esta nueva sensación platense que llegó para quedarse. Una sensación que puso a bailar, nuevamente, al circuito under con un proyecto de lo más ambicioso: disco por partida triple.

Si bien el recorrido de Tato comenzó hace tiempo y a lo lejos, es ahora, y bajo su nombre Chico Ninguno, que se lo puede ver a pleno en su producción discográfica: Chico no correspondido, compuesta por tres discos que abarcan diferentes momentos del cantante: el primero, la fiesta techno y al palo y la danza. Nueve temas que incitan a bailar desde dónde se lo escuche.
“Futuro Perfecto” abre el lado A con un legado de la época más podrida de Virus y anticipa que no habrá tregua durante toda la escucha. En esa misma línea están “La era posmoderna”, que es el himno que sacude a la tribuna platense con su lema “anárquico y mutante”; “Lo nuevo está muerto”, tema cedido por el cantautor neuquino Antolín; y “Chico del demonio”, “Susana Giménez” y “I feel so loco”.

También está la contracara dentro del baile, las canciones que le hacen guiño al costado más indie de Tato, como “Adentro/afuera” y “Kilos”, un tema con riffs rockeros y bases post punk que cierran la primera entrega. Así, Chico Ninguno se erige como comandante de una nave techno que llega con yapa incluida: dos covers que le quedan a la altura, “Bailando”, de Paradisio, y “Adónde”, de Cetu Javu.
El segundo disco es la tranquilidad después de la paliza, donde el cantante se reencuentra con su pasado de canción, similar a sus épocas como líder de Atmosferia, y convida un cancionero más folk. La imagen chic, las baladas playeras y los temas introspectivos son recurrentes. Versiones tranquilas, guitarra criolla mediante y con un estilo que rememora a Leo García, de “La era posmoderna” y de “Futuro perfecto”. Además, temas nuevos como “Egoísta”, que no se cansa de ser romántica; “Perfil acuático”, una canción ultra pop y “Todo en un segundo”, que cierra el disco con un clima subibaja.
Por último, 17 versiones de sus temas conforman el lado C. Más electrónicas, más minimalistas, más experimentales y más technos. Ese es el resultado de las canciones que se encargaron de remixar los invitados de Chico Ninguno: Gastón Céspedes (de Chile), Roberto “Cabe” Mallo, Brahman Cero, Monoestéreo (de México), Mario Rustom, Cecilia Amenábar, Fok Electrochongo, Marica Mala Programada para el Mal y Tana Camille.

Dándole vida a los '90 y retomando una larga tradición electrónica en el país, Chico Ninguno ofrece un disco cargado de claroscuros sonoros, letras urbanas y bit beats que invita a bailar, frenar y reflexionar a todo el mundo.

MySpace: www.myspace.com/chiconinguno

miércoles, 24 de febrero de 2010

Noche espacial en la ciudad de las calles sin nombre

Ruidismo, krautrock electrónico y blues se combinaron la noche del viernes pasado en una maratón de bandas: a las vernáculas La Patrulla Espacial --que continúa presentando Todos los ocasos, sú último trabajo discográfico-- y Radio Interstellar, se sumaron las visitas de Trigal (España), Invisible Circle y Weirding Module (EEUU). Hubo garúa, Magical Mistery Tour, humo y hasta perros vagabundos infiltrados.

Por Guillermina Watkins
Fotografía gentileza de Facundo Arroyo

La Plata, febrero 23 (Agencia NAN-2010).- “Estás bailando sin poder hablar y sobre una nube (oscura) vas a naufragar”. La consigna que se anticipa en “El pefume”, segundo track de Todos los ocasos, único larga duración del grupo patagónico-platense La Patrulla Espacial, parece concretarse de manera progresiva durante la noche del viernes pasado en la ciudad de La Plata. Bajo una garúa filmínica, el público se da cita en el Centro Cultural Daniel Favero para iniciar una jornada espacial.
Pasada la 1, la puerta que da al escenario principal se cierra y el gran cortinado bordó se desliza por completo para que ningún haz de luz perdido se anime a molestar. Un proyector se enciende y, mientras los tres músicos de Radio Interstellar se acomodan en el escenario, la proyección de la película Magical Mistery Tour se refleja detrás de ellos, en otro cortinado oscurecido por el humo. Una computadora dispara una base y el show comienza. El krautrock electrónico, intimista y sideral, con bases repetitivas y una guitarra melancólica, seda a las más de cien personas sentadas en el piso que esperan la progresión de la música.
Cuarenta minutos después, el set termina. Las luces no se encienden, pero mientras el público se mueve de lugar, una luz se cuela entre los cuerpos. Sin poder distenderse del todo en los pasillos, los músicos de Trigal, Invisible Circle y Weirding Module se enchufan para comenzar su show importado que une música electrónica de corte experimental con un noise podrido, plagado de clarinetes y voces distorsionadas.
Estos tres músicos son la cereza del postre anticipada. Juan D'amico, un platense que vive en España y que formó su propio sello (Discos de la Flor Solar, desde el que editó dos vinilos de LPE); el estadounidense Dave Kadden, oboe bajo el brazo, con su proyecto solitario Invisible Circle; y Michael Troutman, bajista del grupo de rock psicodélico Awesome Color (banda apadrinada por Thurston Moore, de Sonic Youth), dan rienda a un show de lo más intimista. Ruidismo, glitch, gritos desgarradores y un clarinete agudísimo crean los climas subibaja, con guiños progresivos, para el público que aún sigue sentado en el suelo de madera. Cuatro perros callejeros caminan entre la gente y son bienvenidos a la comunidad del ruido, mientras los cuatro integrantes de LPE se acomodan para darle inicio a su show.
Diez minutos antes de las 3, la banda y su séquito fiel --incluso ante las adversidades del clima bonaerense-- están preparados para el viaje. Todos los ocasos se presenta oficialmente en la ciudad donde fue procreado y lo hace por partida doble: CD y vinilo editados por el sello de D'amico le hacen un guiño a su influencia más notoria, Pappo’s Blues, que resurge en cada canción ejecutada por LPE y la voz rockera de Bowie, su cantante.
La gente ya está bailando cuando suena el primer acorde de “El perfume”, un clásico rock que traza un puente entre los años '70 y la actualidad. Las ansias de rock brotan en un mes en el que la ciudad comienza a poblarse de los viejos estudiantes y de aquellos que recién llegan. Todos ellos presentes, se sumergen en el viaje, mueven sus piernas y cabezas al compás de las bases metronómicas de Tulio Simeoni y Werner Scheneider, mientras se deleitan con los solos de Lucas Borthiry y Bowie Vilche.
Los cuatro integrantes de LPE comandan una nave que ya tiene más de tres años y varios pasajeros a bordo. También un EP, Boogie en la luna, con su vinilo respectivo, y el primer larga duración en ambos soportes. Comandantes de una nave espacial que trasciende la luna del cuenco platense y sacude a sus viajeros con turbulencias en clave kraut, a esos que por más de una hora se animan a despegar.
Discos de La Flor Solar: http://www.discosdelaflorsolar.com/

miércoles, 27 de enero de 2010

Discos: "Viva Belice" (Daddy Antogna y los de Helio. 2009).-



El baterista Daddy Antogna es el Robert Wyatt vernáculo: como el inglés, se enfrentó a un destino hostil para volver con un disco que reformula el rock progresivo argentino y lo saca, nuevamente, de la canción.


Por Guillermina Watkins

Buenos Aires, enero 25 (Agencia NAN-2010).- Ya lo dijo Joey Ramone: “I believe in miracles for me and you”. Y podría agregársele el “for the entire human raze” de Michael Jackson. Porque fue así, mezcla de milagro y voluntad, como Daddy Antogna llegó, a los 53 años, a sacar Viva Belice, un disco que se inserta en una larga tradición argentina de rock progresivo.

La historia es corta y trágica pero con final feliz: Daddy tenía 20 en 1982 cuando armó Ave Rock, una banda a la que muchos consideran la primera de ese palo. Después formó Orion's Beethoven y pasó un tiempo por Pastoral. Incansable, también fue músico de Vinicius de Moraes durante tres mitológicas semanas e incluso armó una banda con Stuka de Los Violadores y ensayó con Pappo y Medina antes de que armasen Aeroblues. Pero un día tuvo un accidente en una pileta y nunca más pudo volver a caminar. Recién después de ocho operaciones, volvió a abrir y cerrar sus manos y comenzó a percutir con instrumentos improvisados. Hoy la historia lo encuentra con banda --los de Helio, en alusión a la banda que acompañó al fallecido Sandro, los de Fuego-- y disco, más una serie de recitales en la Ciudad de Buenos Aires y La Plata. “Me siento como un pibe que recién arranca a tocar. Por suerte, la vida siempre te da otras oportunidades”, asegura Daddy ante Agencia NAN.

Los de Helio --el ex Reynols Alan Courtis en guitarra, Nicolás Diab en bajo y Fernando de la Vega en batería-- lo acompañan en este nuevo proyecto que devuelve al candelero a una de las joyitas del rock progresivo de los 70s, de aquel rock atemporal que aún suena contemporáneo. Viva Belice está hecho por cuatro integrantes y dos invitados, ocho temas y 44.44 minutos de duración. “Claves herméticas” de una banda que ya nació con mística: el nombre del disco hace referencia a un clásico tema de Ave Rock, “Viva Bélgica”, y Belice hace alusión al país que sigue en el diccionario; palabras que insinúan que este proyecto es una continuación de aquel experimento.

Así, Daddy y sus compañeros sellan esa fraternidad existente en nuestros días entre el rock actual y el de los 70s (que ya viene siendo recuperada por bandas como Pez, Natas, Honduras y Poseidótica), ofreciendo un álbum que se despega de los parlantes con un sonido progresivo y que también marca el regreso discográfico de alguien que nunca debió haberse ausentado.

Riffs potentes y explosivos, bases de bajo progresivas, certeras y rítmicas, violoncello, violín, teclados y acordeones que se encargan de marcar los momentos de tensión y amedrentar las esperas de rock y una batería jazzera y setentosa son la clave fundamental para construir estos ocho instrumentales de rock atemporal, con climas en subibaja, calentura de jam de jazz, métricas muy prolijas y momentos sinfónicos, a la manera de Daddy Antogna y los de Helio.

domingo, 24 de enero de 2010

Artepidol: una pastilla contra la exclusión social.-



Se trata de un colectivo de jóvenes psicólogos sociales. Desde 2002, brinda talleres artísticos a los usuarios de los servicios de salud mental de Río Negro y Neuquén y realiza muestras anuales e itinerantes. "La idea es seguir trabajando con el arte para transformar y transformarnos", concuerdan. Habiendo participado en la última edición del Festival de Artistas Internados y Externados de Hospitales Psiquiátricos organizado por el Frente de Artistas del Borda, Artepidol va por más: un libro de poesías y la consecución de un espacio propio son las prioridades para el año que recién arranca.

A la noche se levantan las enfermeras
diciendo que ya va a haber tiempo para llorar.
Ahora empecemos a romper este lugar.
Bicho Bolita, “Canción de Artepidol”

Por Guillermina Watkins
Fotografías gentileza de Lucas B.

Neuquén, enero 15 (Agencia NAN-2010).- En la ciudad de Neuquén, un territorio con más de cien años que se debate entre el ser una gran ciudad y el alma de pueblo. Ahí, donde varios crímenes políticos han sido cometidos entre los secretos de una esplendorosa cordillera y donde el petróleo y el turismo le sacan el brillo a los cabecitas negras y a los “loquitos” que se van acumulando con el correr de los días. Ahí mismo, entre tanta contradicción, entre tanto terreno fértil por cultivar, la esperanza brota de los cimientes impulsada por la fuerza geológica del valle.

Esperanza que no se viste sólo de verde, sino también de diferentes texturas, y que se sostiene por la fuerza de la acción social. Tal es el caso de los chicos del Taller Artepidol, quienes hace ocho años trabajan sin prisas pero sin pausas para lograr, a través del arte, la promoción de la salud social, la integración de los usuarios a la comunidad y sobre todo, la desmitificación del estereotipo que recae sobre el sufriente mental.

Los Artepidol son un grupo de jóvenes psicólogos sociales y colaboradores de no más de 35 años promedio que, viendo las necesidades de los usuarios de los servicios de salud mental en la región del valle de Río Negro y Neuquén no suplidas por el suministro de medicamentos, decidieron armar un taller artístico que desarrollara y despertara otras facetas del inconsciente de quienes ahí acuden. “La mayoría de las drogas psiquiátricas son neurotóxicas, producen en mayor o menor grado una incapacitación neurológica generalizada. Detienen las conductas que disgustan a algunos, incapacitando a la persona, que ya no puede sentirse enojada, infeliz o deprimida. Pero, ¿podemos llamarle curación? Artepidol no pretende curar a nadie, sólo alivia angustias e intenta armar el presente a través de la visualización de un proyecto de vida”, afirman a
Agencia NAN Rocío, Gustavo, Diego, Malena y Walter, coordinadores del Taller Artepidol y de Domingo Terciopelo, la muestra mensual que el taller realiza. Junto a ellos, Fernando, Javier, Mari Luz y Gustavo, usuarios de los servicios de salud mental, asienten en una charla debajo de un fuerte viento neuquino.

-- ¿Cómo y cuándo arrancaron los Domingo Terciopelo?
-- Arrancaron en 2002, a partir de la necesidad de tomar contacto con el trabajo que se estaba haciendo en la Casita Psico-Social del Hospital Regional Castro Rendón, que era un taller de canto llamado
Canción con todos, armado por algunos camilleros del servicio. Ahí comenzamos a trabajar como auxiliares y vimos que el espacio estaba buenísimo y que le hacía bien a los chicos. En ese momento, tuvimos la necesidad de mostrar lo que ahí se producía a toda la comunidad para cortar con la práctica de la invisibilización y el encierro de los sufrientes mentales. Entonces, armamos, junto a treinta usuarios, los Domingo Terciopelo. Los primeros cuatro o cinco encuentros estuvieron organizados de la misma forma: tocaba una banda, había lectura de poesía y cerraba siempre el coro del Taller. Al año siguiente, empezamos a darle más forma, porque no queríamos sólo mostrar, sino comenzar a darle una carga más política, con un posicionamiento más claro, intentando derribar muros sobre las concepciones y los estigmas, y con ese trabajo empezamos a caminar y fuimos transformando el espacio cultural en un espacio de denuncia, de comunión artística. Así empezamos a crecer. El primer año, hicimos cinco muestras con no más de treinta personas, pero a partir del año siguiente tuvimos que dejar la Escuela de Psicología Social e ir rotando por lugares más amplios de la ciudad.

-- ¿Y cómo surgió Artepidol?
Gustavo Rulo Lupano:
-- Ya veníamos trabajando junto a Canción con todos. Ese año, yo estaba por terminar la carrera de Psicología Social y tenía que hacer una pasantía. Claramente, tenía pensado qué quería hacer y armamos un equipo para trabajar dentro del Servicio de Internación. Hasta entonces, veníamos trabajando con pacientes ambulatorios en La Casita. En ese momento, había un psiquiatra de director que tenía bastante apertura y durante ese 2004 empezamos a trabajar en la única experiencia artística que hubo dentro del Castro Rendón en el servicio de internación. Estuvimos todo ese año y, en el 2005, las nuevas autoridades nos dijeron “chau, chau” sin argumentos claros. Nos dejaron afuera aún sabiendo que a los usuarios que asistían les hacía bien. A fines de 2004, se incorporó Romina, que tenía que hacer su trabajo de pasantía, e hicimos un enroque: ella siguió coordinando y yo seguí de manera satelital.

-- Ese nombre suena a pastilla antipsicótica…
-- Exactamente: Artepidol viene de resignificar la palabra "Alopidol", que es un medicamento base para producir quietud y endurecimiento en quienes tienen problemas psicológicos. En dosis altas, se te puede caer la baba y provoca temblores. El nombre surgió porque un día estábamos en el taller de arte, que no tenía nombre, y en un recreo con mates de por medio, nos pusimos a charlar sobre la medicación. La mayoría de los que estaban la tomaban. Y empezamos un juego de asociación entre las pastillitas de colores y la paleta de colores que usábamos para pintar. Hasta que dijimos: “No queremos más Alopidol, queremos Artepidol”.



-- ¿Cómo se posicionan ante la medicación?
-- En realidad no estamos en contra de la medicación, pero sí de la medicalización del sufrimiento. Creemos que la terapia no tiene que basarse sólo en una pastilla. Tiene que haber terapias creativas, temporales, grupales: acción social. Porque todo esto permite una inserción social. Es fundamental que haya espacios de terapia dignos, donde te escuchen, te comprendan y donde los que brindan atención puedan trabajar en buenas condiciones. En los hospitales suele haber poco personal y la tendencia es despachar al usuario a los diez minutos… La pastillita y a otra cosa. Con Artepidol buscamos denunciar la falta de políticas de salud mental.

-- ¿Qué efectos ha logrado a nivel provincial la experiencia de Artepidol?
-- Hace poco nos hicieron llegar un proyecto de ley muy parecido a la ley 2440 que hay en Río Negro y que establece la desmanicomialización. Tiene puntos similares, contempla las terapias laborales, creativas; un montón de dispositivos que son muy buenos pero que, como en la provincia vecina, terminan siendo letra muerta porque no se llevan adelante, porque no hay plata, ni apoyo político.

-- ¿Y la tendencia de apartar, de excluir, sigue siendo la misma que en todos lados?
-- Se van armando pequeños guetos que le cierran la posibilidad de insertarse en la sociedad al sufriente mental. Intentamos derribar esas concepciones con Domingo Terciopelo. Obviamente, nos falta la pata laboral, pero trabajamos desde la autogestión y somos un grupo reducido. Creemos que ése es nuestro grano de arena.

-- Participaron en el 10° Festival y Congreso Latinoamericano de Artistas Internados y Externados de Hospitales Psiquiátricos en Mar del Plata, organizado por el Frente de Artistas del Borda. ¿Cómo fue esa experiencia?
-- Fue la primera vez y estuvo buenísimo. Mucha gente fue a ver Una obra artepidolesca, que se basó en la construcción de personajes a partir de trabajar con el par salud/enfermedad . Hay un usuario, que es quien abre la obra, denunciando el precario estado de los servicios de salud mental. Mari Luz y Gustavo representaron a la enfermera que callaba a todos y al paciente, respectivamente; y Fernando personificó el cansancio de los pacientes de la región: en un momento se levantó entre tanto silencio y simplemente dijo: “Basta”. Terminamos con la canción de Artepidol que el cantautor neuquino-platense Bicho Bolita compuso cuando estuvo internando en el hospital. Lo mejor de todo fue haber llegado hasta ahí sin ningún apoyo provincial ni municipal. Llegamos a través de la autogestión, desde los márgenes del sistema de salud, y fuimos a representar a todos los usuarios de salud mental de la región del Alto Valle.

-- ¿Cómo cerraron el 2009 y qué planes tienen para el año que empieza?
-- Lo de Mar del Plata fue parte del Domingo Terciopelo Itinerante: en Neuquén se había cumplido la premisa de acercar el arte de los usuarios a la comunidad y era hora de empezar a salir por el valle para presentar esto los domingos, contactar gente que esté trabajando en el mismo sentido que nosotros e invitarla a que participe para expandir el contacto con la comunidad. Ya llegamos a Allen, Plottier, Fernández Oro, Centenario, Roca, Cipolletti, Junin de los Andes y Mar del Plata. El año pasado, además, mucha gente se sumó a Artepidol a través de la participación en los talleres de la Escuela de Psicología Social y cerramos el año con Javi, un usuario, arriba del escenario del Ruca Che, junto a Manu Chao, denunciando el estado de la salud pública en la provincia. En esa oportunidad, Javi le entregó a Manu Chao un diploma y un video que realizaron algunos alumnos del Instituto Universitario Patagónico de las Artes (IUPA) sobre Artepidol junto a los obreros de Zanón y a representantes de comunidades aborígenes. Por otra parte, durante 2010 vamos a sacar un libro de poemas colectivos e individuales a través de la editorial Cartonerita Solar. Y seguiremos trabajando con Artepidol en la cárcel de mujeres. Este año, juntamos a los chicos con las reclusas de la Unidad XVI y llevamos a la banda La Estafa Dub. Estuvo buenísimo. La idea es seguir trabajando con el arte para transformar y transformarnos.

Sin bajar los brazos, los chicos que conforman Artepidol aseguran que uno de sus sueños más importantes es conseguir un espacio propio, donde pueda haber propuestas culturales, profesionales atendiendo, talleres y un espacio para quienes necesiten un lugar para vivir. Es decir, una casa social, cultural y terapéutica, tan pero tan grande como para que quepan, en metros cuadrados, las esperanzas de jóvenes que, de la mano del arte y no de las pastillas, le piden una segunda oportunidad a la vida.

martes, 5 de enero de 2010

La Estafa Dub en Final Fest



Tranquilidad y propuestas musicales fueron la combinación perfecta para que más de cuatrocientas personas bailaran al ritmo de la música de La Estafa Dub en el espacio Duam de la ciudad de Neuquén. En un fin de año que llegó “sin problemas aparentes”, los neuquinos bailaron hasta las siete y media de la mañana, momento en que Final Fest dijo ‘chau, hasta diciembre próximo’.

Por Guillermina Watkins
Fotografía gentileza La Estafa Dub


Neuquén, enero 5 (Agencia NAN-2010).-
No hay problemas, no. Las manos de Ras Lucas se levantan hacia el cielo oscuro y después bajan lentamente para arengar a la gente: en ese lugar, en ese momento, no existen los problemas; lo único que resta para enfrentar al suave fresco matinal es bailar, hacerle frente bailando. El público, que como fiel discípulo permanece hipnotizado ante los movimientos de su líder, no para de moverse al ritmo mántrico que los once músicos de La Estafa Dub le propone.

La fiesta comienza a las cuatro de la mañana. La primera edición del Final Fest, un convite que pretendió tirar "la casa por la ventana", tuvo como única “joyita” la presentación de La Estafa Dub, una big-band que con sólo un año de vida ya congrega a varios seguidores.

Mientras, los neuquinos, muchos de ellos adolescentes, se agolpan para poder entrar a la pista central donde suenan temas como los de Pitbull (popularizado por el nuevo héroe mediático Ricky Fort), Killie Minogue, Daddy Yanquee --todos sin anestesia, y así, uno tras otro--, en la pista al aire libre los preparativos para la big-band de ritmos roots están casi listos. La amena espera está a cargo de Dj Spike Massei (percusionista de La Estafa) que invita a acercarse con sus ritmos latinos.

Así, la banda conformada por Luis, Juan y Héctor (del grupo de música electrónica Another Freak), Lisandro, Gerardo y Mariano (de Ruido Explícito punk rock), el “Ponja” (que tocó en The Lucha Sin Armas), Dj Spike, Leandro y Franco (de Venganza Reggae) y Ras Lucas, se sube al escenario para darle la bienvenida al primer sol del 2010.

Vestidos con la elegancia de un Jonny Deep en Enemigo público, pero en rojos y negros --esa combinación de galán estafador--, la banda le da rienda suelta al nuevo año con una versión dub de “Sun is shinning”, de Bob Marley. Después, y con un público más excitado, convidan con excelentes covers de Mad Professor, Lee Perry (reconocidos productores del dub mundial), Rico Rodríguez, King Tubby y Todos tus Muertos, que son celebrados por los casi cuatrocientos cuerpos reunidos en la sala exterior.

La Estafa, que no teme hacer versiones de Portishead, Faith No More y Metallica, llama a su artista invitado, Fernando Gallinal, para que con el clarinete sea protagonista de varias partes melódicas, junto con el metalofón que Lisandro --baterista punk de Ruido Explícito-- ejecuta sin incomodidad. Muchos de los músicos provienen de otros estilos musicales y esas influencias se notan a medida que La Estafa recorre sus diecisiete temas del repertorio. “La idea es mostrar que el reggae no es sólo Bob Marley, sino que hay otra gente que marcó mucho al género”, comenta Héctor “El Chakal” Navarro, baterista de la big-band.

Luego de dos horas de show, la gente pide más. El sol ya asoma todo su cuerpo, pero los eucaliptos que rodean al Espacio Duam hacen más lenta su llegada. El público aún sigue bailando al ritmo del último tema instrumental de Chico Rodríguez como en una especie de mandala. Adentro, la gente se mueve en clave bolichera.

Seis y media de la mañana, La Estafa, que ya compartió escenario con varias bandas de la escena reggae nacional, como Nonpalidece; que fue soporte de la visita regional de The Wailers y que fue seleccionada para el festival reggae Carlos Paz and Love, se retira del escenario con ánimos de seguir, arengada por un público ansioso. Para entonces, el año nuevo ya llegó, hace rato, y la gente está más distendida que antes; durante más de dos horas el tiempo se congeló de la mano de La Estafa Dub en la ciudad de Neuquén.

My Space:
http://www.myspace.com/laestafadub

jueves, 24 de diciembre de 2009

Esteban Rodríguez: “Con sólo dos tonos se puede componer el sentido de la vida”.-


El sociólogo y abogado que coronó la Quinta Muestra Ambulante con la presentación de su libro Los caminos del rock, se sumerge en las entrañas del género y desnuda el fenómeno. “Me interesa su telón de fondo, esa particularidad que lo vuelve performático”, subraya. Y, además, vincula la “falta de representantes” en el rock de esta década con los avances tecnológicos: “Las maneras de acceder y escuchar música cambiaron”.

Por Guillermina Watkins
Fotografía de The Dark Flack

La Plata, diciembre 24 (Agencia NAN-2009).- Un año más termina, pero no cualquiera: se acaba la década que logró posicionar al sonido indie en las bateas internacionales, en el reproductor de algún DJ del mundo, en los oídos de algún sabelotodo que mira desde arriba y le pone play al decenio que se avecina. Habrá música nueva: más bandas sorprenderán a los que transitan por la ciudad de las calles sin nombre y estrenarán un lapso que quizás no sea muy distinto al que termina. Sin embargo, y más allá de quienes osen tildar a estos diez años de “vacíos”, es necesario hacer un flashback a esos lugares ambiguos que sólo pueden convivir en el rock. Por los caminos del rock, el sexto libro de Esteban Rodríguez, un balcarceño que adoptó a La Plata como “su lugar”, se propone como guía espiritual para el melómano, el rockero y todo aquel que no tenga miedo a subir a la Gran Maquinaria de la Historia.

El libro, que cuenta con varios ensayos escritos por Rodríguez durante los últimos diez años, tomó forma en una conversación entre él y la cantante Liliana Herrero. Esa noche, ocurrida no hace mucho, hablaron de rock: Liliana cuestionó el “caradurísmo” de los jóvenes que tocan siempre dos acordes y creen que inventan el mundo. La ingenuidad, la arrogancia, el querer ser “el punto cero de la historia” eran los problemas básicos para ella. En esa charla, Esteban la escuchó, atento, pero nunca dejó de resaltar que él pensaba lo opuesto: la inocencia, la necesidad de “resumirse en dos acordes dentro de un mundo cada vez más amplio”, la constante búsqueda de una identidad propia, era para él lo más conmovedor del rock.

En esa clave musical, el abogado, sociólogo y ensayista otorga un puñado de textos con mucho ritmo, cadencia y esa desprolijidad prolija que envuelve a toda canción del género. Tracks cortados y pegados, un todo que sólo busca comprenderse a sí mismo. El recorrido narrativo comparte totalmente la esencia de su objeto de estudio: la juventud, los estereotipos, el “detrás de escena”, el mercado, los disfraces y las groopies. Todo eso --y mucho más--, en ensayos rebeldes que son no sólo un simple análisis de letras o relaciones contextuales, sino más bien los telones de fondo que componen la matricula del rock, narrados por Rodríguez con la destreza de un guitarrista. Bob Dylan, Patti Smith, Kurt Cobain, Pity Álvarez, David Bowie, Norma, Babasónicos, Neil Young, Cash y Gustavo Cerati conviven en plena calma en las 386 páginas de los “tracks” de este “viejo cassette”.

-- En el libro, usted dice que el rock es “indefinible” y que “no tiene esencia”, ¿qué destino trazó con esa hipótesis?
-- El concepto clave del libro es el rock y el tiempo. Porque creo que una manera de explorar el tiempo y habitarlo es a partir del rock, porque brinda la posibilidad de salirse del tiempo. Quería rescatar lo que a Herrero le molestaba, que es lo que a mí me fascina: pibes de entre 15 y veintipico que tocan dos acordes que ya se tocaron mil veces y piensan que están inventando algo nuevo. Es por eso que digo que es una manera de salirse de la historia: el rock permite desplazarse y reinventar todo. Mientras que los músicos de jazz tienen que tener una paleta amplia de colores, aquí pasa lo contrario, porque, en una tarde y con sólo dos tonos, uno puede componer una canción e ir inventándose, ir construyendo el sentido de la vida.

-- ¿Se puede adoctrinar al rock, decirle qué tiene que hacer?
-- El rock no es solamente música o una canción, sino todo lo que la envuelve. Por eso no me gustan mucho las revistas del género, porque lo piensan solamente a través de la música. Me interesa volver sobre su telón de fondo, que no recae en su pintoresquismo o en hacer excéntrico al cantante de turno, sino en que tiene una particularidad que hay que averiguar, investigar. Ese telón de fondo es lo que vuelve performático al rock. Por ejemplo, en La Plata, las bandas cargan con un linaje que a veces es difícil de sostener, que no es sino un conjunto de otras prácticas que están boyando constantemente alrededor: el lenguaje de la parodia y el de la ciudad, la puesta en escena y otras cuestiones que no le son menores al rock. Hay una apuesta en el cancionero que no está exento de cierta ironía.

-- Hay quienes dicen que no hay representantes musicales de esta década que termina, ¿cree que es así?
-- Está bueno que así sea, y en parte se debe a los avances tecnológicos. Las grandes discográficas han eclosionado. “La información quiere ser libre”, decían los cyber punks, y me parece que se han creado las condiciones para esa circularidad, para el libertinaje de información. Uno puede acceder a una cantidad de bandas y música que antes era inaccesible. Hoy podés escuchar lo que se está escuchando en Oslo, Indonesia, Inglaterra, a la par de lo que se está escuchando en La Plata y en el país. Hay una cultura de la alternancia que es permitida a través de la tecnología. Han cambiado las maneras de acceder a la música y, por ende, de escucharla. Nadie queda afuera. La posibilidad de acceder rápido a la información ha permitido multiplicar las tribus, no hay un referente único. Eso es buenísimo. A los jóvenes de hoy no les gusta la “mantequilla demasiado mantequillosa”. Es decir, nadie tiende a quedarse encorsetado en un estilo, sino a ir de uno a otro, justamente por la gran cantidad de información que existe. Es una mochila más liviana en cuanto a obligaciones, pero es difícil moverse en una sociedad de la información.

Fanático de Norma, El Mató a un Policía Motorizado, Prieto Viaja al Cosmos con Mariano, entre otras bandas, Esteban compuso Por los caminos del rock como una especie de autobiografía, escrita siempre al compás de alguna música. Las canciones sobre las que vuelve constantemente son aquéllas que fueron fechando su presente continuo y que le permitieron eternizar momentos en su memoria rígida. En clave aleatoria, entre sus anécdotas y el mensaje de cada cancionero, Rodríguez convida las vivencias y aportes de cada generación para apropiarse de su cultura.

Blog: http://rodriguezesteban.blogspot.com

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Discos: "La historia del agua". (La modernidad de apolillarse, 2008).


El debut del cuarteto platense es una colección de canciones con espíritu histórico y latinoamericano, presentadas en clave folclórica pero con la intención de jugar con los ritmos de todo el continente.

Por Guillermina Watkins

Buenos Aires, diciembre 1 (Agencia NAN-2009).- El viaje del agua como fuente creadora de vida y madre de todos los seres del cosmos. En once temas, eso es lo que La Modernidad de Apolillarse intenta describir en su reciente disco La historia del agua. Pero también, y ojo a los oídos desatentos, su debut convida su crítica al sistema moderno que apolilla y que marca pautas musicales y formas de vida. Para explicarlo, el guitarrista Manuel Núñez admite: "Un folclorista de ley no nos consideraría folcloristas, tampoco seríamos tangueros para el tanguero y menos rockeros para el rockero". Es que La Modernidad hace carne el dilema musical que intenta encasillar a la música, componiendo por antojo, aunque al servicio de la canción, piezas que mezclan las sonoridades latinas.

La banda surgió en 2002 en el circuito platense de música popular y ya realizó presentaciones en bares, centros culturales y espacios públicos de la ciudad. Luego de años de experimentación musical, en los que intentaron recorrer varios estilos latinos, editaron a fines de 2008 La historia del agua, un disco en clave folclórica que se permite jugar con todos los ritmos del continente. ¿Los viajeros? Sebastián Morro en voz principal, guitarra y flauta traversa; Manuel Núñez en guitarra española, eléctrica y voz; Marcelo Coullery en bajo y voz; Juan Castrillo en percusiones, y Laura Briones como artista invitada en voces y charango.

En sus canciones pareciera existir un intento de rescatar la larga tradición de la trova del continente, como encaramados detrás de aquella figura del cantautor que históricamente ha sido consecuente con su arte, su vida y su territorio; y que, desde sí mismo –como una especie de yo poético-- emite construcciones del mundo. Es que estos jóvenes importados a la ciudad cuadrada se hacen eco de la historia del país y desde allí componen, como en "Milonga del Selenita", dónde Morro toma posición y declara que se dedica a "querer cantando" y no se resigna "a tener sin canto".

La voz de Morro recorre tantos lugares. Primero, con una poesía que habla y mantiene despierto al que escucha, con climas amenos y mañaneros como los de "Ansiedad", un tango que relata la ansiedad de la espera como la "belleza triste de un jardín sin flor". O en la presentación de un descanso durante un viaje, en el que la pausa es tan tranquila, que relata "Alto en La Paz". También están presentes los manifiestos de un ser en cambio constante, como documenta "Sed", que narra la historia de un hombre que está en el desierto y que, por fuera de las limitaciones de tiempo y espacio, del dolor y de los temores, busca el agua y "bebe el Cielo boca arriba y de un tirón".

Pero La Modernidad también se da el gusto de pegarle al sistema, al recordar fantasmas. Así, en "Monsanto", y con un juego de palabras que hace acordar a las técnicas de la rima en Girondo, le cantan a la "soja deshoja palmar, soja deshoja bambú, soja Monsanto"; o en "La historia del agua" le hablan a ese elemento como sentimiento, sangre, savia, leche y lágrima, que cuando es conquistada, se convierte en agua para los tubérculos, esclavizada. "Hiroshima-Nagasaki", dedicada a la nada misma después de un desastre nuclear, completa los segmentos más históricos.

Todo debería tener un final feliz. Y La Modernidad se atreve a dar un consejo a través de "Más simples", que invita a la simpleza en los momentos de confusión e incita a encontrar un caminito entre los escombros para salir de la miseria y pasar "de lo imposible a lo probable, de lo insoñable a lo visible, de lo que somos a algo más simple, para librar caminos y caminar libres".

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