lunes, 5 de julio de 2010

"No te pierdas de lo real" (Varsovia Varuna, La Plata, 2009).-

El trabajo primigenio del cuarteto platense mantiene a lo largo de diez temas una línea rockera que se deja influir en varios momentos por el reggae, la milonga, la zamba y el vals.
Por Guillermina Watkins

La Plata, junio 21 (Agencia NAN-2010).- El cuarteto de La Plata Varsovia Varuna lejos está de sonar como Varsovia, la primera banda de los ex Joy Division y ex New Order. En vez de climas oscuros y melodías graves, los Varuna se proponen dejar en la memoria musical un disco de diez temas que le rinde homenaje a la canción tradicional y se deja influir por el reggae, la milonga, la zamba y el vals, sin perder el rumbo de una línea rockera.

De este modo, la banda comandada por la voz bien trabajada de Juano fue formando su amplio séquito de seguidores del rock universal y, así, llegó a tocar junto a Baltasar Comotto (guitarrista del Indio Solari y de Luis Alberto Spinetta); compartir escenario con el excéntrico músico uruguayo Martín Buscaglia, ser soporte de NTVG en Rauch y participar como invitada en el festival Muchogustok.

No te pierdas de lo real, el álbum primigenio de esta banda que vanagloria del rock en todas sus formas, propone un recorrido por alguno de los ejes temáticos de la vida e invita, como punto de reflexión más fuerte, a no perderse de lo real ante las adversidades, intentando llegar a la gente sin peajes.

Así, abre el repertorio de una decena de temas “Pecan”, en clave reggae, con guitarras seguras al frente como una crítica a quienes venden una realidad estanca, con culpas, sexo castigado y a quienes “pecan por no pecar”. Inmediatamente le sigue “Hawai”, pista que comienza con un ritmo similar al de una balada, una cancioncita, y termina con mensaje esperanzador para quienes se levantan con miedo.

“Quedate acá” y “Bombea”, canciones rifferas con un tinte arbolesco, son temas que tienen la misma línea: empiezan tranquilos y después se convierten en una ola de guitarras y trompetas principalmente. “Milonguita” y “Zamba” son dos temas que permiten una salida del trayecto que venían transitando los músicos para desembocar en las opresiones y represiones, y en la necesidad de sentir que “el sentido de la realidad es sentir realmente que estás acá”.

Cierran “Aglusón”, una balada rockera y desahuciada; “Fuga”, un valsecito; “Cosas”, uno de los mejores momentos el disco donde los artistas reflexionan sobre el amor, el miedo y la muerte; y “Cochecitos”, una crítica a una sociedad que sólo prefiere andar contando las victorias y que por eso se impone “borrar su memoria”.

Por eso, los lectores de Agencia NAN tienen la oportunidad de llegar a esta banda, que propone encontrar una mirada distinta de tanta realidad como punto de partida para dejarse llevar por el verdadero sentido de las cosas y sobre todo de la música.

Maga Lee: “¡Los vinilos no deben venderse!”.-

El alterego drum & bass de la hermosa Gisela Magalí Lago es una especie de princesa oscura, como las brujas sexys de las películas de Disney. Salvo que su mundo no es de fantasía: sumergida en un género rezagado aunque creciente en Argentina, que tiene además pocas exponentes, la DJ se propone ampliar horizontes y se le anima a las bandejas. También, a una charla con Agencia NAN.

Por Guillermina Watkins
Fotografía de Santiago Goicoechea

Buenos Aires, junio 17 (Agencia NAN-2010).- Es mediodía en la esquina de Suipacha y Sarmiento, y además del constante movimiento cotidiano, los bares están superpoblados porque se juega la primera fecha del Mundial de Sudáfrica. Cientos de oficinistas comen la promoción del día y miran el partido en un silencio sospechoso, mientras que por la inmensa puerta de vidrio de uno de esos cafés entra una chica tamaño small con grandes ojos verdes. Es Maga Lee, la DJ mimada del drum & bass porteño y una de las pocas mujeres de la electrónica local, junto a Mina, Carla Tintoré y Romina Cohn. A regañadientes, la intérprete“madruga” para el encuentro con Agencia NAN y allí se entera de que el torneo más grande del fútbol mundial ha empezado.

Gisela Magali Lago cuenta, entre sonidos de vuvuselas y varios “¡uh!” de la inercia futbolera, que el drum & bass, su estilo predilecto, es poco masivo en comparación con otros, pero que aún así ella prefiere seguir tocándolo. “Una vez, charlando con un amigo, me preguntó al aire qué pasaría si el drum & bass fuese masivo como el minimal y yo pensé: ‘¿Estarían todos bailando como floggers?’. La conclusión de ambos fue que era mejor que siguiéramos siendo under”, rememora entre risas agudas. Y salva: “Aunque, si lo hiciera, tendría más trabajo”.

Con el paso del tiempo, Maga Lee se fue erigiendo como una especie de princesa de la escena local, con un sonido potente y bastante oscuro pero sin dejar de ser femenina cuando se sube a los escenarios. “La gente no entiende muchas veces el estilo, pero mi función es hacerla bailar, y siempre lo logro”, acota. Y luego advierte que “bajo ningún punto de vista o crisis económica, los vinilos deben venderse. ¡Nunca!”. La chica se confiesa fanática de la música y se le nota cuando habla: soulfull, jum up, tech spte, dark step, liquid funk y demás conceptos se deslizan en cada una de sus frases.

Under o poco masivo, lo cierto es que el drum & bass generó su propio circuito con el correr de los años, a pesar de ser la “oveja negra” de la música electrónica. Como principal trinchera, todos los martes en Barhein, la ex bóveda de un banco ubicado en el Microcentro porteño se realizan los ciclos +160, organizados por el DJ residente Bad Boy Orange y que llevan 8 años de ritmos rotos y varias visitas internacionales en su grilla. Ahí, aunque no haya sido su lugar de nacimiento musical, se fue fogueando Maga Lee junto a un grupo de DJs conformado por Orange, Buey, Lauder, Felipe, GiorgioLive, Pablo Terreil y el platense Luis Zerillo, que se sumó hace poco al staff.

“Empecé en un cumpleaños de un amigo por el 2002, 2003, y pasaba sólo techno. En ese momento no sabía mezclar, pero igual me mandé varias veces. De toque, me pasé al drum & bass porque me di cuenta de que me daba otras cosas el estilo: varía todo el tiempo y me saca de mí. Yo siempre pongo el drum & bass más agresivo que encuentro”, relata la DJ. Maga, que lleva ese apellido artístico por sus rasgos achinados y que fue bautizada asì por sus amigos en alusiòn a Bruce Lee, el maestro de las artes marciales hollywoodense, decidió hace menos de dos años dedicar de lleno su vida a la música electrónica o a ese “trabajo indigno”, según el gran Pappo Napolitano. Ella sabe que los ritmos rotos de Goldie o Photek (los principales exponentes del drum & bass a nivel mundial) son un estilo difícil de promover y, sin embargo, la escena local va sumando cada vez más adeptos en público, ciclos independientes y músicos productores.

“El ciclo +160 es súper importante por el esfuerzo de Bad Boy Orange que, si bien no fue el primero en pasar drum en el país, es el único que sigue dándole rosca y que, además, armó todo un circuito de la movida. Después están las Killerdrumz y el Bass Or Die, ciclo que organizamos con DJ Neda algunos fines de semana para la gente a la que le gusta el estilo pero que no puede salir los martes”, relata Maga Lee.

Como trabajadora ferviente del drum & bass, pero sobre todo de la música electrónica en bandejas, ella sabe que para vivir de la música tiene que ampliar sus horizontes, o al menos es lo que se está planteando. “Estoy armando otras facetas musicales, pero siempre bien arriba: techno y house. No voy a cambiar de nombre, siempre voy a pasar drum & bass, pero ahora Maga va a ser DJ full time”, agrega la única mujer que se le anima a las bandejas y confiesa, casi hablando en tercera persona y a forma de remate, que prefiere ir a ver una banda en vivo que a un DJ. Mientras, abandona sus intentos de comer una porción de pizza fría en su amanecer tardío.


http://www.myspace.com/djmagalee

sábado, 29 de mayo de 2010

Discos: "Todos los ocasos" (La Patrulla Espacial, 2009.-)

El cuarteto patagónico ofrece doce canciones que combinan el blues argentino y el kraut rock. Los climas envolventes, las letras cómplices y los mensajes oscuros que priman en sus presentaciones en vivo también componen la estética de su primer LP.
Por Guillermina Watkins

Buenos Aires, mayo 24 (Agencia NAN- 2010).-
“Toda la noche esperaste el blues, toda la noche”, canta Tomás Vilche (o Bowie, su nombre artístico) en el quinto tema de Todos los ocasos, primer larga duración de La Patrulla Espacial. Sin embargo, a esa altura, quince minutos del blues contemporáneo más espacial suenan en la cabeza del oyente predispuesto. ¿Por qué? Porque estos músicos de las provincias de Tierra del Fuego y Chubut que se mueven en el circuito de La Plata parecieran querer acercar la tradición de los memorables primeros cuatro discos de Pappo's Blues, pero también los vestigios de una tradición que viene del kraut y del camino repetitivo y expansivo.

Así como la fuerza que despliega en vivo, los climas envolventes que el cuarteto brinda en doce temas liberan los sentidos, con letras cómplices y mensajes oscuros para despertar a los quietos e incitarlos a tomar una
coupé antes de viajar por terrenos cordilleranos. Aquí, el noise de La Patrulla inicia su recorrido con “Blues de algún lugar”, tema clásico de riffs pegadizos, armónicas y wah wahs machacantes que hablan del amanecer después de la oscuridad. Luego llega “El perfume”, el hit, un rock and roll tan directo como cualquier tema de Pescado Rabioso: “¿Qué significan esos ojos hoy?”, grita Bowie en el final del estribillo y las guitarras de Lucas Borthiry van para adelante, dándole dramatismo a la canción.

A “El hogar de nuestras vidas” le sigue “Me voy de casa”, un blusecito de armónicas dylanescas, más alegrón e instrumental que el resto y que sólo dura 52 segundos. “Toda la noche” vuelve a marcar un momento de subida y “Blues para la última salida del sol” plantea la soledad de esa estrella, que pareciera morir mientras amanece. “Todos los ocasos” y “Boogie de humo” son bien rifferos, no terminan de arrancar y dejan con ganas de más.

Para esa ansiedad, “Psicodélicos sonidos boogie”, o el tema que podría ser el “Masacre en el Puticlub” de La Patrulla; “Hacé lo que quieras”, un blues bien
noisero y escéptico; “El alma de las cosas muertas”, un tema oscurito y de guitarras densas y acopladoras; y finalmente “El cuervo dorado”, canción colgada, corte western, de última resaca de algún viejo blusero, de esas que se repiten en alguna computadora de barrio un domingo por la tarde.
MySpace: www.myspace.com/lapatrullaespacial

Resaltando la imperfección


Ana Utrero es una artista ansiosa de fines del siglo XX. Desde Extremadura a La Habana, la diseñadora gráfica amante del cine, comenzó un viaje que la traería a tierras argentinas. Acá se quedó, y desde hace un mes organiza ciclos que están dando que hablar: Mamá Domingo propone un espacio de intervenciones artísticas con el fin de dejar afuera los prejuicios y darle rienda suelta a la imaginación.

Por Guillermina Watkins
Fotografía gentileza de Mamá Domingo

Buenos Aires, mayo 20 (Agencia NAN-2010).- Los afiches de Mamá Domingo llaman la atención por su característica estética punk y under. Sin embargo, al fijar la mirada en esas publicidades, muy lejos están de presentar
una matiné festihardcore. Contrariamente al ritmo de los bombos en negra y las guitarras distorsionadas, el festival que organiza la artista Ana Utrero propone tranquilidad, relajación, extrañamiento y dinamismo.

La propuesta es innovadora por donde se la mire. Consta de la intervención de artistas sobre la proyección de una película entre los márgenes del
libre albedrío, gran protagonista de cada encuentro. A saber, desde la experimentación personal, cada domingo el evento se materializa: diseñadores, actores, músicos, artistas plásticos y fotógrafos hacen lo suyo sobre una filmación rigurosamente seleccionada por Utrero, a partir de la espontanea creación y resignificación de las imágenes que se hayan despertado en ellos.

Desde luego que el rodaje deja de ser el mismo porque pasa a ser manipulado por el espectador. El concepto esbozado por Utrero es la psicomagia. Es decir, cada una de esas mediaciones, son actos de psicomagia, término esbozado por el director de cine chileno Alejandro Jodorowsky, que alguna vez planteó, como punto primordial de su manifiesto, que “todo lo que arrastramos tiene que retorcerse hasta sublimarse. Todo lo que hemos recibido es un tesoro, no es necesario eliminar una parte. Hay que fecundar lo que nos viene dado”.

Entonces, es desde esa concepción del arte que tiene como finalidad “curar porque sino cura no es verdadero” que Mamá Domingo pretende convocar a los artistas, pero también a otros públicos, para sublimar “las penas, las historias, aquellos problemas que se arrastran desde siempre a través de una acción concreta, algo que es materializado, realizado y que no queda sólo en palabras”, según cuenta Utrero en diálogo con Agencia NAN.

Así, a partir de ubicarse en escena y romper con los prejuicios
y lo que sólo dicen las palabras, los hechos salen a la luz y después de eso, ya no hay vuelta atrás. Actores que arrojan verduras u objetos sobre la filmación, al igual que proyecciones de otras imágenes sobre la misma película, teatro de sombras detrás de una cortina, actuaciones o reinterpretaciones de la filmación; todo puede pasar cuando Mamá Domingo empieza.

De todas maneras, ese espacio se convierte en “anónimo”. Por lo tanto, se lleva a una pérdida de identidad que es lo que más preocupa a los artistas a la hora de despojarse del miedo, en una cultura donde “el yo deja de tener tantas reservas y deja de sacrificarse por ser perfecto. Acá podés ser imperfecto, porque se trata de eso, de jugar. La finalidad del ciclo es que todo sea un juego”, concluye Utrero.

La próxima cita será el domingo. Entonces, se proyectará la primera película de Almodóvar, Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón, y tocará la banda Peter Pank & Los Chicos Perdidos, además del Dj Lima. Será en El Emergente Club Bar, Gallo 333, Ciudad de Buenos Aires, a partir de las 20.

miércoles, 5 de mayo de 2010

"En los jardines" (Negativo, 2010).-


Un disco breve, oscuro y ambiguo, pero a su vez rockero y climático. El primer opus del cuarteto salda una deuda pendiente con el brit pop en la La Plata.

Por Guillermina Watkins

La Plata, abril 26 (Agencia NAN-2010).- Guitarrero y melancólico, de calles que podrían ser inglesas en pleno otoño oscuro, En los jardines, ópera prima de Negativo, se lanza a los oídos melómanos como una buena dosis de britpop, género relegado hace años en la ciudad de las diagonales. Así, “La máquina del power pop” --según la etiquetan en la escena rockera local-- llega a las bateas indie con un disco de aproximadamente 30 minutos que entrega diez temas en español e inglés.

Con más de tres años de presentaciones en La Plata y en la provincia de Buenos Aires, la banda integrada por Juano (batería), Juanpa (bajo), Faber (guitarra) y Marian (voces y teclados) deslumbra con un LP de rock sombrío con sonido impecable. Editado y masterizado por sus integrantes, En los jardines presenta una oscuridad ambigua: los riffs poderosos no permiten bajar un segundo la adrenalina, pero a su vez, la voz y los cortes aclimatan al oído hacia una atmósfera más del clásico post-punk. “Quisimos representar momentos reales y no. Oscuridad, ambigüedad, metáforas que rocen la poesía, pero más simples”, comenta Juanpa a Agencia NAN.

Se conocieron entre la noche platense y la Universidad Nacional de La Plata. Y al calor de Placebo, Sonic Youth y The Strokes decidieron armar su propia formación: Negativo, que como su nombre lo advierte siempre está por “revelarse”. Y vaya revelación lograron: cuando tocan despliegan una verdadera máquina de guitarras machacantes y una batería que es un relojito.
Así, “Limo”, una canción de fuertes altibajos melódicos y dramatismo lírico, lanza al oyente a un viaje que conduce hacia las entrañas de la máquina del power pop. Le sigue “Mochilas”, un tema que se codea con las típicas baladas pop de los '90. Mientras “She said” es un corte bien bauhausero.

Luego, “The ask”, “Sueños mojados” e “Ismos” --en inglés, español e inglés respectivamente-- llegan con baterías rápidas y guitarras que connotan estados de ánimos up and down, como las composiciones de la banda liderada por Brian Molko. Las últimas: “Minolta”, “Tzunami”, “500.000” --que cuenta con la participación de Susan, trompetista de las Dirty Diamonds-- y “Meaningless”, cancioncita que cierra el disco de manera tranquila, abatida y apagada.

lunes, 12 de abril de 2010

El Bafici ya está entre nosotros.-


La 12º edición del Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (Bafici) llegó ayer a los cines de la Ciudad de Buenos Aires. Jóvenes cineastas opinan sobre este suceso que presentará más de 400 títulos, entre cortos y largometrajes nacionales e internacionales.

Por Guillermina Watkins
Fotografía gentileza del Bafici

Buenos Aires, abril 8 (Agencia NAN-2010).- Cada año, después de Semana Santa, aunque no siempre con exactitud, una oferta descomunal de cine independiente arriba a la Ciudad de Buenos Aires. Organizado desde 1999 por el gobierno porteño, el festival que congrega a los personajes más importantes del cine underground argentino y extranjero ha ido in crescendo. Este año se presentarán 422 títulos, entre cortos y largometrajes, de los más diversos estilos, géneros y temáticas. Un deleite para los cinéfilos glotones que podrán asistir una vez más a un festival que ha atravesado tantas conducciones políticas.

Según Pablo Spatola, que presentará su película Plusvalía, “la aparición del Bafici significó una bocanada de aire fresco a lo que se vivía culturalmente en el ámbito del cine. En ese momento, el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) estaba con las grandes productoras y el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata sólo se preocupaba por traer estrellas famosas”. En ese contexto de vaciamiento cultural y de política de la farándula en todos los sectores de la sociedad, el Bafici se fue consolidando en sus doce años como uno de los festivales de cine independiente más destacados del mundo.

En la actualidad, el panorama del cine argentino no dista mucho de aquel de 1999. Sin embargo, gracias a la iniciativa de varios realizadores y de algunas políticas del INCAA que promueven la financiación de documentales, se puede hablar de un producto audiovisual argentino realizado con cierta independencia.

¿Independencia de qué?, se preguntarán algunos. “De criterio de selección, enfoque y recorte”, afirma el director de Blocking, Pablo Marín, en diálogo con Agencia NAN, dejando en claro que eso es posible pese a que el festival tenga el apoyo de un gobierno. “No hay otro mensaje político más que seguir organizando este tipo de eventos”, sostiene. Y en una línea similar, Pablo Spatola agrega varias aristas: “En primera instancia, no creo que el Bafici respete actualmente una filosofía del independentismo por fuera de las grandes corporaciones. Creo que hay un poco de todo, grandes y pequeñas productoras. Como segunda cuestión, el tema de quién lo organiza: nosotros no trabajamos para ellos pero aceptamos participar de todos modos. Y tercero, es un espacio amplio, donde aparecen cinematografías que son imposibles de ver en otros lados. Hoy el cine independiente habla más como una marca que como la libertad de filmar”.

Para Mónica Lairana, actriz devenida en guionista y directora de Rosa, el “ser independiente” pasa por un lado similar. “En el caso específico del Bafici, creo que siempre ha propulsado que las producciones autónomas, tanto las que lo son por su diseño de producción como por su temática o propuesta estética, tengan un lugar. El festival es el espacio de la diversidad estética, y en ese caso se puede hablar de producciones independientes”.

Así, las películas francesas, alemanas, rumanas, los cortos experimentales, los clásicos de directores consagrados y los documentales que se animan a recorrer la tierra de la incógnita, tendrán cita en Buenos Aires hasta el 18 de abril.

Algunas recomendaciones

La lista de cortos y películas argentinas es bastante extensa: 44 largometrajes y 42 cortos nacionales participan en esta edición del Bafici. Sólo hay que hundirse un poco en el panfleto y se podrán encontrar con varias sorpresas. Blocking, de Pablo Marín, es un corto donde se describe la relación entre el material fílmico, el agua y el fuego; Buen día, día narra la vida y obra de Miguel Abuelo desde la perspectiva de su hijo, Gato Azul Peralta, quien se ofrece como guía a través de una Buenos Aires nocturna, la misma en la que su padre dejó marcadas huellas; Del amor se pregunta qué es ese sentimiento y cuáles son las fases que lo componen; Pasante cuenta, en pocos minutos, la historia de un joven argentino que se inicia como pasante en un hotel de Buenos Aires y termina descubriendo y aprendiendo sentidos de la vida.

Por otra parte, El rati horror show --título ácido-- es una película de Enrique Pyñeiro en la que intentará ventilar denuncias y utilizar con elegancia recursos ficcionales para hablar de la corrupción (policial) como una de las formas más dañinas de la estupidez. El film trata acerca de aquel resonante caso de Pompeya en 2005 en el que inculparon a Fernando Carrera plantándole una pistola, por lo que hoy está condenado a 30 años de cárcel. Otro de las tantos “controvertidos” audiovisuales que se presentará en el festival.

La Batidora, radio en la escuela se permite hablar de la deserción escolar en Argentina; Ocio, la adaptación cinematográfica de la novela homónima de Fabián Casas, que cuenta con las actuaciones de Santiago de la banda El Mató a un Policía Motorizado y otros jóvenes de la escena rocker actual; Plusvalía, donde un hijo se pregunta luego de la muerte de su padre sobre la militancia comunista; y, por último, Secuestro y Muerte, un documental que narra las últimas horas de vida del General Pedro Eugenio Aramburu, secuestrado por Montoneros en la década del setenta.

Sitio: http://www.bafici.gov.ar/

sábado, 3 de abril de 2010

Confesiones de un poeta irascible.-


De pocas palabras, Néstor Mux no se queda callado; está a la vista. La muestra la dan los nueve libros editados en su vida como escritor, que ya lleva 48 años, y su vasta trayectoria como poeta reconocido en la ciudad de las diagonales. Ahí donde los militares se llevaron a muchos amigos y conocidos, donde él pudo zafar. En ese lugar, tomando un café durante una charla con Agencia NAN, habla de la escritura como resistencia y presenta su último trabajo, Disculpas del irascible, un granito de arena más en la construcción constante de su identidad, según dice.

Por Guillermina Watkins
Fotografía gentileza de Germán Krüger

La Plata, marzo 19 (Agencia NAN-2010).- De pocas palabras y mirada profunda, Néstor Mux camina por las calles céntricas de La Plata con aires de poeta tanguero. Se sienta en un bar, solo, pide un café y lee el diario. Con total parsimonia se contonea por una ciudad que le dio tantas tristezas como alegrías. Ahí, donde empezó a escribir, a los tempranos 17 años, y en la que jura que seguirá haciéndolo “mientras tenga algo que decir”. Ahí, donde las fuerzas militares se llevaron a un montón de conocidos y amigos y donde a él no le tocó de pura suerte. “Por eso estoy acá, en este lugar del mundo”. Ahí, donde a pesar de nunca haberse sumado orgánicamente a la lucha armada, como tantos otros escritores desarrolló una fuerte pelea a través de las palabras y algunas veces desde su puesto de trabajo.

Mux, apellido corto para una persona que a los 65 años ya cuenta con más de nueve libros editados y con el reconocimiento de toda una ciudad a un juglar que nunca temió a decir lo que pensaba. “Sólo una vez me quedé callado; y fue un silencio bastante largo: durante los diez años del menemismo, no pude escribir. Tenía asco y desdicha. Siempre escribo cuando tengo algo para decir, y durante ese tiempo sentí que no podía, que ‘ellos’ decían todo. Lamentablemente, veo que algunas cosas de aquella época persisten, sobre todo se sienten a flor de piel cuando hablamos. Hay como un rebrote gorila. Por eso escribí 'Nadie le pide que escriba', un poema que remarca muy clara esta cuestión: a mí nadie me dice que escriba o que me calle. Cuando tengo algo que decir lo hago, sino no. Porque el silencio, como en la música, tiene su valor. Sin escribir pierdo la identidad”, grafica el poeta en una charla con Agencia NAN.

La identidad del escritor se fue gestando desde la cuna. De familia “gorila”, Mux nació en octubre del ‘45 para enojo de sus padres. No por su nacimiento, claro, sino porque en ese entonces se trazaría una nueva etapa en la historia argentina. Durante varios años, hasta 1955, debió esconder la política familiar. En los 60s, su tendencia ideológica se diferenció de la de sus padres y se convirtió en la típica oveja negra: publicó su primer libro La Patria y el invierno en La Rosa Blindada, mítica revista poética de la época, dirigida por Luis Manggieri. “Ahí, conocí a los hermanos Cedrón, a Andrés Rivera, a Manggieri, a Rodolfo Ortega Peña y Eduardo Luis Duhalde”, describe minuciosamente Mux.

Después, el dolor y el silencio. La muerte de varios conocidos y colegas, como Jorge Money y Paco Urondo, y la humillación. “Gente que me había elogiado los versos unos años antes, se escondía entre las filas de los autos por miedo a que los detuvieran. Hoy me los cruzo y me saludan, pero para mí el lazo se rompió”, sentencia el artista.

Disculpas del irascible

Así se llama la última publicación de Mux, donde la voz poética denuncia, señala, convida, invita y resiste. El libro, impreso por Ediciones de La Talita Dorada, es una antología dónde José María Pallaoro reunió los poemas del escritor que recorren la totalidad de sus obras. Un eco del grito desgarrado de pasado y presente, que aún conviven. Mux, sin embargo, no pide disculpas; todo lo contrario, no se calla nada. Y a pesar de su temperamento tranquilo, en sus líneas se ve la cólera de quien desde las palabras construye el universo perfecto, en contraste total con un afuera amenazante. A tal punto que el poeta pinta con amplios colores ese mundo, esa vida a la que define como “el duro oficio de estar erguido y caminando por la tierra”, al esfuerzo que hay que hacer como resistencia a la crueldad y la estupidez del mundo. Y por eso la poesía, “porque su belleza nos hace resistir a esas dos naturalezas básicas”.

Sus poemas son relatos, historias. Mux supo generar su propio lenguaje a partir de un “nosotros”. Crea, en su acto poético individual, una atmósfera colectiva. No debe ser casual el título de su primer libro: Nosotros en la tierra, dónde narra “la lucha cotidiana y sencilla, sin pretensiones, de toda una generación”. No ya la de los 60s que puso el cuerpo en la calle, pero sí la de una que tuvo una dimensión trágica de la existencia humana, concebida como lucha permanente. Por eso, no es casual que en Disculpas del irascible se termine con el agobio del esfuerzo de quien batalla por la vida diaria, “con furia hermosamente inútil”.

Así, Mux se desnuda durante los 68 poemas que componen su antología. Habla del acto poético, se arranca de sí mismo “llevado por un fuego interior que lo precipita” y lo hace volar “sobre la infinita sordera de la tierra”. Habla de la escritura como resistencia cuando, enojado, convoca a sus fantasmas y agrega: “Cuando nadie lo ve, cuando todos están lejos con su confusión y sus convicciones, con su sombra y sus jardines, él coloca en la máquina el papel en blanco, como una forma de desobediencia, de alivio o revancha”. La memoria, la lucha y la resistencia como la que establecen los “perros atados” que imponen sus “ladridos por sobre las voces desafinadas y rancias de la gente mezcladas como al fondo de una olla”. Por último, un irascible que sólo sabe que en el amor encontrará su salvación.

Como poeta, como Mux, que en su familia y después de varios años, “encontró la paz”, que ya no le teme a esas miradas que lo negaron durante los años más terribles de la historia reciente. No le teme a nadie, su cólera es interior y la sencillez va por fuera. Por eso resume su existencia agregando: “Yo viví para escribir, nada más. Todo el resto vino de arriba”. Y se sienta a tomar un café, solo, con toda la tranquilidad del mundo.