viernes, 25 de septiembre de 2009

Basta de Censura


Desde La Vuelta al Mundo nos solidarizamos con la Revista 2010 que hoy sufrió un golpe más de censura que los multimedios y empresarios realizan con total impunidad cerrando y eliminando medios, blogs y videos en you tube sobre la discusión de la Ley de Medios.

jueves, 24 de septiembre de 2009

(A 37 años de su muerte) Alejandra Pizarnik, la remendadora de palabras



Moderna y conservadora, androide y femme fatal, tan porteña como universal, Alejandra Pizarnik se suicidaba un 25 de septiembre con 32 pastillas de Seconal. Víctima de una depresión que arrastró durante casi toda su vida, Alejandra elegía morir. Con su cuerpo casi adolescente se iba no sólo una de las referentes de la poesía de los sesenta, sino una tradición poética que encontraría cuerpo en su escritura: la de los malditos.
“Hacer el cuerpo del poema con mi cuerpo” fue la consigna que persiguió Alejandra en sus textos lúgubres, oscuros, intimistas y profundos. Poeta “maldita”, “condesa sangrienta”, “poseída entre lilas”, vivió sólo y exclusivamente para la poesía. Tanto es así que sus amigos más íntimos –todos poetas reconocidos y gente del mundos de las artes -, recuerdan que no sabía hacer otra cosa más que escribir. “Su pasión por el arte era tal que Alejandra descuidaba los demás aspectos de la vida cotidiana- cuenta Cristina Piña, autora de “Alejandra Pizarnik. Una Biografía”-Una vez tenía que cocinar unos ravioles y no pudo hacerlo porque pensó que eran pancitas de bebé”.
Siempre rodeada por los grupos de artistas más prestigiosos del país, la niña de “feo aspecto” fue logrando el encanto de todos y nunca nadie dejó de prestarle atención. Se fue gestando una poética pizarnikeana que marcó a las poetas de aquellos años y los siguientes. Nadie puede dejar de reconocer hoy que su escritura está marcada por los efectos de Alejandra. Y menos las mujeres. Su fantasma recorre la poética femenina y joven por una premisa básica: toca todos los paradigmas de la joven femeneidad.
A pesar de no involucrarse con las corrientes más radicalizadas de la época, Alejandra fue –sin pensarlo, sin ser consciente de ello- parte de una época en la que todo estaba en ebullición. Ella fue su eje de cuestionamiento y su materia a transformar desde la palabray con la palabra. “Es necesario incluirla como parte de la época. –Agrega Piña- Alejandra fue parte de un movimiento mucho más grande a nivel mundial que tuvo a los surrealistas, a los malditos, a Cortázar, a los poetas políticos, al existencialismo en el mismo camino”.
¿Cuál fue el encanto de esta muchacha de 36 años que tuvo más nombres que certezas? Las palabras rodearon su mundo y en el afán de ponerse un nombre, nunca encontró su verdadera identidad más allá del papel: Buma, Flora, Blímele, Alejandra, Sasha, sus primeras denominaciones de las cuales renegó. Después fue la mujer de la existencia por venir, la llamadora de ausencias, la que desespera del lenguaje, la que arremete viajera, la que quiso hacer el mundo palabra por palabra, la que amó las sombras, la que preguntó cómo era posible no saber tanto, la que pidió ser curada de algo que no se podía curar (como la vida), la que advirtió que hablaba para amueblar el escenario vacío del silencio, la reina en el exilio, la que simpatizó con todos los sufrimientos, la que pensó que la felicidad consistía en estar a salvo del pronombre yo, la que fue demasiado lejos en su soledad y la esperadora infatigable.
Más nombres podrían denominarla a Alejandra. Pero sobre todo la que supo esperar el momento justo de todo. Nunca quiso publicar por publicar. Sus libros fueron un verdadero manual de cómo escribir la poesía más intimista sin dejar de ser, por cierto, social. Su suicidio también fue una ceremonia de su vida, un arte. Alejandra se tomaba, un día como hoy, 32 pastillas de Seconal mientras escribía en su pizarrón la única explicación artística de tremendo acto individual: “No quiero ir nada más que hasta el fondo”. Nada en este mundo le fue suficiente. En algún otro lado había una respuesta a los males de su mundo.

martes, 15 de septiembre de 2009

Dios los cría y la FLIA los junta


El sábado pasado la Feria del Libro Independiente y Autogestiva (FLIA) se mudó a La Plata y reunió en una cuadra fanzines, libros, ropa y comida de todos los colores. Además, hubo FLIITA para los pequeños, con espectáculos de clown y malabarismo, y recitales de Sr. Tomate, Vatangueando, Primer Hombre Internacional y Tropel bajo las estrellas.

Por Guillermina Watkins para Agencia NAN
Fotografías de Sergio Otero

La Plata, septiembre 14 (Agencia NAN-2009).- El sol se apoya plenamente sobre el Boulevard 60 que, a las dos de la tarde de un sábado, tiene más vida que cualquier día hábil. En uno de los barrios céntricos de La Plata, la quietud del fin de semana se ve agitada por las decenas de personas que ya están en sus stands para darle rienda suelta a la primera Feria del Libro Independiente y Autogestiva (FLIA) de la ciudad. El día arranca temprano porque si algo le gusta a los platenses, es pasear y encontrarse en una fecha multidisciplinaria como ésta. Más, si de aire libre se trata.

La FLIA se desarrolla en el Centro Cultural Olga Vázquez --una escuela abandonada, que en 2004 fue tomada por parte del Frente Popular Darío Santillán y hoy tiene un amplio desarrollo en el campo cultural y de la economía solidaria-- en un clima de total calidez. Familias, estudiantes universitarios y trabajadores se acercan al boulevard en busca de nuevas propuestas literarias y se encuentran con ¡todo!: libros artesanales con tapas pintadas de la editorial Eloísa Cartonera, papeles y más papeles con poemas y frases sueltas, libros objetos, poemas para llevar, poesía urbana, poesía para tirar, romper, regalar, fotopoesías, fanzines, revistas, ropa y más, mucho más, conviven en el evento cultural que nació en 2006 con el objetivo de dar a conocer el campo fértil de la producción literaria y artística independiente y alternativa.

La “hija pródiga” de La Plata sigue los pasos de sus antecesoras porteñas: “No encerrarse sólo en la producción literaria, sino hacer convivir diversas expresiones artísticas que utilizan la palabra escrita y otros lenguajes, y poder mostrar todas esas producciones que en La Plata están sueltas, desperdigadas, y siempre es necesario reunir para mostrar a la gente qué está pasando”, asegura a Agencia NAN Pablo Castro, miembro del Galpón Cultural de Tolosa, una de las organizaciones que coordinan la FLIA, junto al Olga Vázquez, Arte al Ataque, el Centro Cultural Vieja Estación, el Galpón Cultural La Grieta y los editores y escritores independientes de la región.

“De pronto, los platenses comenzamos a encontrarnos en la FLIA de Buenos Aires y nos dijimos: ¿por qué no hacerla acá y convocar a los artistas de toda la región? Así como pasa en Capital, nuestra idea es ir asentándonos en paradas que estén en peligro de desalojo o casas tomadas o en lucha: la última edición porteña fue en el IMPA; hubo otra en la Villa 20, de Lugano, que está siendo asediada por Gendarmería. Acá hay varios de esos casos, así que ya estamos pensando en la segunda edición, que será cerca de fin de año”, agrega Castro.

Uno al lado del otro, los puestos de editoriales independientes como Vomitarte, Pixel, Colección Chapita, Poesía Urbana, Revista Qué, Colectivo de Arte de Alejandro Korn, Putópico, Grupo La Grieta, La Sudestada, Morosophos, entre otras, toman la calle y la convierten en una fiesta colorida. En una de las esquinas, un perchero con vestimenta de diseño y un espejo improvisado son atacados por varias mujeres que hacen de esa intersección un probador de ropa. Muy cerca, un payaso invita a la gente a vestir sus atuendos y a degustar las comidas que los feriantes han cocinado. Agitado debajo de su peluca azul, cuenta que “no queríamos que el formato libro limitara la convocatoria, por eso hoy tenemos esta parte de la ciudad casi repleta”.

Sobre la vereda del Olga, un grupo de artistas plásticos realiza serigrafías sobre papel y remeras con la inscripción de la FLIA, para que los participantes puedan llevarse un souvenir. Frente a éste, una mini tarima recibe a diferentes poetas y narradores, que leen sus textos ante el público caminante. Un grupo de niños también se apropia del micrófono y comienza a cantar cumbias. Después de ellos, un colectivo de teatro independiente realiza una performance que logra que mucha gente deje de hacer lo que estaba haciendo y se nuclee a observarlos. En el piso, una pareja de artesanos los mira mientras toma cerveza.

Adentro, en una de las habitaciones del centro cultural, comienzan a sonar algunas guitarras, mientras pequeños grupos de personas van y vienen, histeriqueando entre tanta propuesta artística. El espacio se inaugura con las canciones tiernas de Ale, de Sr. Tomate, y es secundado por Poli, su compañera de banda. A los dos integrantes de una de las agrupaciones más escuchadas de la ciudad lo siguen Lautaro Barceló, Pablo Nardo, Sebastián Coronel, Ezequiel Chaerer, Pablo Matías Vidal, Seba Lindo y El Torito Baldasarri & Compinches: en La Plata no todo es rock.

Muy cerca de ellos, en el patio a cielo abierto del Olga, la FLIITA comienza a funcionar. El espacio pensado para los más chicos cuenta con espectáculos de teatro, clowns y muchos chistes para entretener a los pequeños, quienes comienzan a probar qué se siente ser malabarista por un día. Subiendo las escaleras al segundo y tercer piso, las muestras de varios artistas plásticos y fotógrafos de la ciudad inundan los pasillos de color, mientras que en otro cuarto muy cercano se proyectan cortos y diapositivas de realizadores platenses como Pixel Multimedia, Silbando Bembas y Auto Crítica.

A las diez de la noche, los puesteros comienzan a levantar pero la FLIA no termina. Entre panes rellenos y los clásicos choris, la gente se reúne a la vera del escenario dispuesto en el patio del Olga para esperar que, después de la medianoche, Sr. Tomate, Vatangueando, Primer Hombre Internacional y Tropel coronen la noche con sus melodías. El público, como una familia frente al televisor.

jueves, 10 de septiembre de 2009

First Virtual Night: Nerds en tu noche


Con la intención de llevar al extremo las innovaciones tecnológicas, un grupo de jóvenes de Buenos Aires y Neuquén se pone al mando de las primeras fiestas electrónicas en versión digital, cada sábado por la noche. Así, convierten los livings hogareños en vips, llevan un paso más allá el levante por chat y ofrecen un espacio donde están todos “conectados y en la misma”.

Por Guillermina Watkins para agencia NAN
Fotografía de prensa de First Virtual Night

Vil: Hola
R3nder: Hola, cómo estás?
Vil: ¡Bien!, quiero ir a una fiesta copada, ¿sabés de algo?
R3nder: ¡Sí!, conectate a www.tratadodeintegracion.cc/virtualnight y fijate que estamos transmitiendo en vivo. Te llevamos la fiesta a tu casa.
Vil: ¡Uy! Ya me meto. Gracias…

La Plata, septiembre 4 (Agencia NAN-2009).- Quienes hablan no son ni Guillermina, ni José Jimenez --R3nder-- sino los “yo” digitales de ambos; esas identidades que sólo se construyen a través de la tecnología. Es que internet se ha convertido en el seno familiar del nuevo milenio y a esta altura ya no hay vuelta atrás. Internet llegó para revolucionarlo todo y recién cuando comenzábamos a entender algunas cosas, a familiarizarnos con el Facebook --por ejemplo--, nuevos submundos, comunidades virtuales e innovaciones en lo que respecta a imagen y sonido se están inventando y avanzan casi a la velocidad de la luz eléctrica. Tanto es así que, por ejemplo, en Argentina se están llevando a cabo fiestas electrónicas digitales. ¡Sí!, fiestas electrónicas a través de Internet. Solo tenés que tener una computadora, unos buenos parlantes y clic: la joda está en tu casa.
First Virtual Night (FVN) es el proyecto que, al menos en Argentina, está cambiando los conceptos tradicionales de vivir la música electrónica. Porque más allá de no ser la primera experiencia en el mundo que transmite DJs en vivo, sí es la primera que se posiciona como una alternativa para los sábados a la noche. En vez de una fiesta masiva donde los cuerpos se mueven al compás de una música con bombo en negra y donde la relación es personal, acá la función del cuerpo es otra: “Es como que todos estén frente a la computadora moviendo sus cabecitas”, asegura R3nder (www.estadolateral.net), uno de los creadores de estas noches virtuales, junto a i2off.
“Es como si fueran varias fiestas en diferentes puntos del país, interconectadas por un chat donde el público que está en su casa puede, por primera vez, comentar lo que le va pasando. Estamos todos conectados y en la misma”. A diferencia de las fiestas masivas, en las noches virtuales uno tiene la posibilidad de, por ejemplo, comentar por primera vez qué es lo que le va pasando al ver al DJ, porque el contacto con el artista es directo. Como si fuera poco, en otra de las pantallas se puede participar de la creación de un dibujo colectivo. Y así, los participantes son VJs por una noche.
Todo empezó cuando DJ Rol3x inició un proyecto llamado Control Manual (www.control-manual.com.ar), un canal de video online dedicado a la difusión de experimentos e información del mundo de la música electrónica. Probando una noche, transmitió su show en vivo para sus amigos, quienes lo incentivaron a seguir haciéndolo. El espacio comenzó a tomar forma y se les ocurrió la idea de armar una pista de baile virtual para DJs y VJs a través de la página del Tratado de Integración --un encuentro sobre innovación tecnológico que se realiza en Neuquén todos los años --, del que R3nder, I2off y Rol3x forman parte. “Después surgió el término CHJ (Chat Jockey) que son los encargados de acompañar al DJ, arengando en el chat”, agrega Davo, otro DJ y CHJ de las FVN.
La primera transmisión tuvo lugar el 27 de junio de este año y a esta altura llevan nada más ni nada menos que ¡diez fiestas virtuales! Todo un éxito para este proyecto que pretende “extremar los tiempos modernos” y que ya cuenta con varios nombres nacionales e internacionales en su arena virtual: los DJs Rol3x, Una Niña Malvada, Sick Boy, Villa Diamante, Pera, Minirocke; 17 VJs con nombres tan curiosos como Ailaviu, i2off.org, R3nder.net, Charles Bones, D3mian, Aless y 7 chjs, LimaLimon, X, Lola, Charles y Davo, y más de 400 personas que bailaron frente a la pantalla de la PC. “No le estamos serruchando el piso a las fiestas tradicionales”, le asegura R3nder a Agencia NAN, durante una charla que, claro, ocurre en Internet. Pasen y lean.

¡Encima que existe un prejuicio sobre las fiestas electrónicas, ustedes las hacen virtuales!
Sí, siempre nos dicen el tema de que se corta con la corporalidad, pero todos los que están participando hablan por el chat, así que el contacto no se pierde. Es especial porque si bien no nos vemos, se aprecian otras cosas. Por ejemplo, poder interactuar de una forma más directa con el artista, verlo tocar, compartir con él. Eso en las fiestas masivas no pasa porque si no te gusta el DJ, nadie se entera. Acá si el público se aburre el DJ se da cuenta por lo que pasa en el chat. Se siente cuándo la están pasando bien y cuándo no.

¿Cómo imaginan al público de estas fiestas?
Nos imaginamos a todos moviendo las cabecitas frente a la pantalla o riéndose solos con ¡cara de MSN! Lo mejor es saberse parte de un grupo de personas que están disfrutando de lo mismo aunque cada uno esté muy lejos porque, sin embargo, no se pierde lo emocionante o especial de cuando vas a una fiesta con amigos. Somos algo nerds, ¿quién se queda frente a una máquina hasta las tres de la mañana?

¿Están en peligro de extinción las fiestas electrónicas tradicionales?
¡Ja! No, en realidad tampoco es la primera experiencia que se hace en el país ni en América Latina, pero sí somos los primeros en constituirnos como una fiesta. Todos los sábados transmitimos a partir de las once de la noche y First Virtual Night funciona, si se quiere, como una previa a cualquier salida. Además ya es más normal que alguien esté trasmitiendo, con su propio canal, este tipo de avances tecnológicos y que se armen comunidades virtuales. Todo está aprendiendo a manejarse de otra manera. La idea ahora es armar un mejor sistema donde todos los que participan puedan ser activos, como en la última aplicación que sumamos donde todos pueden dibujar.

Yendo a lo que a muchos les importa: ¿hay levante en las fiestas?
Yo creo que sí, hay mucho arengue y siempre hay gente nueva conectada. Igual, la noche es larga y si dos personas (o más) tienen la suerte de vivir cerca, después se pueden encontrar. Como moderador de algunas fiestas vi algunas situaciones, pero no sé si después pasó algo. ¡Aún no leemos mentes por internet!

Mañana la fiesta continúa. Etaro y el DJ residente, Rol3x, sacudirán los parlantes de tu casa. ¡Peligran las alfombras y los vecinos! Pero la invitación está hecha y a un solo clic. Pappistas, abstenerse.

Sitio: http://www.tratadodeintegracion.cc/virtualnight

lunes, 7 de septiembre de 2009

Pintando la fiesta (La antesala a la década mortuoria)





















Texto que esribí para la cátedra de Taller de
Comprensión y Producción de Textos II de la UNLP

Por Guillermina Watkins

¿Qué pueden llegar a tener en común un poeta de Santa Fe y un historietista mendocino? Aunque suene lejano desde un punto de vista geográfico e ideológico, estos dos autores pintaron la década de los sesenta de una manera excepcional. Un momento en el que se movieron con total soltura diciendo lo que había que decir y como tenían que hacerlo.

Buenos Aires se los permitía. Ambos del interior, llegaron a Capital por diferentes motivos; Paco, un joven santafesino recién separado de su primer mujer y madre de sus hijos Claudia y Javier, buscaba un futuro mejor como poeta y periodista; Quino, un joven mendocino que luego de la pérdida de sus padres y de cultivar experiencia como dibujante gracias al empuje de su padrino también dibujante, decide pisar tierras bonaerenses en busca de un futuro mejor.

Los dos de principios de siglo XX – Paco nació en 1930, Quino en 1932- vivieron las constantes transformaciones del “siglo corto”. Un siglo corto pero bien agitado en el que los dos sentaron precedente. En la década del sesenta todo parecía ser una fiesta. Todo –o casi todo- estaba permitido: ya fuera del poder Perón, la Nación se debatía entre proscripciones, persecuciones y fusilamientos aislados y un crecimiento cultural que atraía a los intelectuales. A vistas del liberalismo, tenían permiso para todo.

El rock, el hippismo a la argentina y las primeras experiencias con LSD, las revoluciones sexuales, el acceso de la mujer a la vida universitaria, las modificaciones familiares, la televisión, el auge de las historietas y los grupos literarios, pero también las primeras organizaciones guerrilleras, se daban en el marco de sinuosos conflictos internacionales. No todo fue sexo, drogas y rock and roll.

La guerra de Vietnam, Argelia y la Revolución Cubana incendiaron una estabilidad política aparente. En todo el mundo las guerrillas latinoamericanas y los estudiantes de París, Berlín, México y Argentina intentaban tomar un cielo, robado, por asalto. Todo había sido puesto en cuestionamiento: hasta en la Iglesia surgían corrientes contestatarias ligadas a los intereses del pueblo. Fue también la época del “Boom Latinoamericano”- lo que los europeos denominan el realismo mágico-; Un realismo latinoamericano ficcionalizado que comenzaba a ser visto con buenos ojos desde afuera y que posicionaba a los escritores del continente en el mundo. Cortázar, Márquez y Neruda fueron sus principales exponentes.

Argentina fue parte de esa conmoción. Buenos Aires se levantaba extravagante. La calle Corrientes era el estandarte cultural elegido por muchos. Nadie imaginaba que tanto crecimiento cultural se podía esconder en el sur del planisferio. Ya no granero del mundo, pero sí granero cultural. Durante el frondizismo, mal que mal, tanto Paco Urondo como Quino, desplegaron sus críticas libremente. Las injusticias de antes, aquellas que ambos nos dibujaron, son las mismas de hoy. Cosas que aún siguen sin resolverse. De ahí, muchas veces, que nos sintamos identificados con las lecturas.

Luego de años de una pseudo-democracia que mantenía proscripto al peronismo, llegó el golpe de Estado del General Juan Carlos Onganía, la antesala del genocidio, el corte generacional, el aviso que a los sesentas, esos años de una cuasi-gloria cultural pero no política, le quedaba poco tiempo. Hippies y happenings, militantes de todas las escuelas políticas, eran coartados por los bastones largos que también castigaban a la Universidad. Cordobazo, Instituto di Tella, la CGT de los Argentinos, el periodismo de Rodolfo Walsh, los encuentros literarios en los que Paco Urondo participó activamente, las revistas literarias que surgían de estos grupos, pero sobre todo, la fuerte tendencia hacia la politización atravesaban la década.

Por estos lados, el binomio reaparecía: la civilización católica, patriótica, militarista, y el regreso del “orden y progreso”, discutían con otro nacionalismo: ese otro nacionalismo el de la tierra, la historia popular, las luchas de base y, por supuesto con un socialismo a la Argentina.

Es en esta época donde Urondo desarrolla una notable y vertiginosa producción, con resultados dispares, abarcando una amplia variedad de géneros: cine, televisión, teatro, ensayo, narrativa y poesía. De sus años en “poesía Buenos Aires”- años más “burgueses”, donde se ligó con los grupos surrealistas y vanguardistas- al momento de la revista Zona de la Poesía Americana, donde su acercamiento hacia la literatura y la realidad latinoamericana fue más fuerte y –podría decirse- definitoria para su poética y su vida.

El poema “Los Gatos”, escrito por esos años, es el que –según la crítica de literatos y periodistas- representa mejor su pensamiento sobre la década: “Los gatos/ por la noche aúllan como tambores/ derrotados, viejos, fúnebres, inmensamente buenos;/ la muerte los asiste, la eternidad vela por ellos,/ la memoria nunca abandona; los errores me salvan”.

Luego vendrían para el santafesino los años de militancia. El movimiento de intelectuales que apoya la Revolución Cubana, Pirí Lugones, Rodolfo Walsh, Marilina Ross, Cristina Banegas, Noé Jitrik, Horacio Verbitsky, Juan Gelman, su relación amorosa con Lilí Mazaferro; la entrada a Montoneros luego de la fusión de estos con las FAR; la revista Noticias, la censura; la cárcel de Devoto, la militancia compartida con sus hijos; su nueva relación con Alicia Raboy; la moral revolucionaria que le recriminaría su organización por “engaño” a Mazzaferro; Mendoza, la persecución, la pastilla de cianuro, tres tiros más, y las consecuencias del olvido.

Tanto olvido mereció Paco, que en una recopilación de la colección de "Poesía Buenos Aires" durante loa años de dictadura militar (1978), lo censurarían por poeta militante. Y la complicidad de sus editores, apretados por el yugo militar, que en 1978 decidieron excluirlo de la antología, a pesar de haber sido él uno de los fundadores del grupo literario.

Para Quino, ya radicado en Milán con su esposa, la década había sido un éxito. Había creado un personaje tan argentino y universal como el mismísimo Borges: Mafalda. La tira, que comenzó a salir en 1962, narra las peripecias de personajes infantiles que hablan del mundo adulto. Ese mundo adulto, crítico y de clase media progresista que “pintaban” un grupo de nenes y sus familias, se hizo tan famoso que en 1965 empezó a publicarse diariamente en el periódico “El Mundo”. Luego vendría su viaje a Milán, el agotamiento del autor frente a la presión diaria de la tira, los varios libros de historietas humorísticas –que nunca llegaron al grado de influencia de Mafalda- y la tranquilidad en Europa.

Pero Argentina no era la misma a comienzos de los setenta. Por eso Quino dejó de dibujar. El mundo conflictuado mostraba sus garras más feroces y la terrible inocencia de Mafalda no cuajaba en los planes de los poderosos. Tampoco la denuncia sobre la cruda realidad de la que Paco hablaba en sus poemas y menos que menos su actividad periodística. A gente como ellos les temieron los bravucones y por eso dispararon. Comenzaba en la Argentina una década sangrienta. Los sesenta fueron la antesala feliz de la muerte, el asesinato, la censura y el silencio. Años después, el olvido y las cicatrices profundas de una sociedad que aún intenta reivindicar a sus héroes.

lunes, 31 de agosto de 2009

UN SOLDADO DE VARIOS FRENTES


Luís Pazos es platense, periodista, escritor, poeta y político. Detrás de su mirada calma, se esconden varias historias. Un hombre que encierra muchos hombres y varios años de la realidad argentina. Miembro fundador del grupo Escombros en 1988, supo erigirse y denominarse como un "artista de lo que queda" y mostrar que se puede hablar de un arte como herramienta de crítica y denuncia social y también, a través de su actividad periodística, continuar en esa misma línea: "por la construcción de una democracia que cree almas libres, y no la democracia ficticia que tenemos desde 1983", aseguró a LA VUELTA AL MUNDO.


Nota para el curso de Hernán López Echague

"La línea que separa la política del arte es tan difusa que es imposible verla", Luis Pazos arroja la frase al pasar en una de las oficinas del diario El Día. Poco de arte hay en este cuarto; una luz oscura se refleja en la escultura en hierro cubierta de tierra; a su lado, asoma, desafiante, una gran biblioteca de algarrobo; una pila de diarios amarillentos en desorden tapa un puñado de libros que permanecen sin que nadie los lea. Luis llega caminando despacio, como si algo le pesara en los hombros; arrastra los pies y mantiene los ojos fijos hacia el piso. La sonrisa de niño con dientes desparejos convive con el respeto que sus colegas- aún en silencio- le profieren. Avanza por la redacción, cómodo, como pez en el agua, dentro del diario que lo vio dar sus primeros pasos. Detrás de su mirada eternamente acuosa y su tranquilidad aparente se esconde no solo un periodista, también el poeta, el escritor y uno de los principales fundadores del grupo artístico Escombros.

No habla mucho, su reino se eleva en los cuadernos de tapa dura que alguna vez usamos en el colegio. Ahí anota todo: alguna idea que se le cae, el sumario para llevarle al jefe de redacción a las cuatro de la tarde, las acotaciones que le hacen los cronistas jóvenes. Todo. A veces se cuelga y se pone a escribir alguna copla, algún poema de la vida, del amor, de la muerte. La muerte, algo a lo que siempre le tuvo miedo y ahora, con sus casi setenta años, le mete el pecho más que nunca; siente que ya no tiene nada que perder.

Quizás por eso los Escombros se autodenominan “artistas de lo que queda”, el grupo que surgió en 1988, años en los que ya denunciaban la “falsedad” de una democracia que comenzaba a gestarse; una democracia a la que se le cayó el velo en 1999 y que hasta ese entonces muy pocos hablaban. Y menos desde el campo de lo artístico. Hombres y mujeres de más de cincuenta años lo acompañan en una vanguardia en la que todos son sobrevivientes de la última dictadura militar. Luis se acuerda de esos años con nostalgia de su juventud y ánimo explorador. Esa etapa en la que se formó como profesional y donde ajustó las tuercas de su pensamiento.

Para él, la discusión de si el arte por el arte, o el arte y compromiso político, ya está saldada. "Toda obra de arte debe reflejar la realidad social y política que se está viviendo en el lugar en el que se desarrolla, desde una actitud crítica. Y está dirigida a ampliar o a modificar la conciencia del espectador. El arte es para hacer pensar; no sólo para gozar estéticamente, para brillar socialmente o directamente para hacer dinero, que son las opciones de arte que hay", para él el arte debe señalar los problemas, plantearlos; y aún llevando a cuestas el peso del disgusto con la política, cree que ésa es la materia que debe encargarse de pelear por el bien común de los ciudadanos. Algo que venga y de un sopetón cambie las cosas. Algo que permanezca en el tiempo. Que no sea volátil.

Lo único efímero es el arte que Escombros hace cuando monta, por ejemplo, obras hechas de cartón para que luego los cartoneros se los lleven; efímera es la vida para Luis y por eso siente la necesidad de eternizarse en cada cosa que hace. De allí nació la primera muestra que montaron bajo la autopista de Paseo Colón y Cochabamba, en San Telmo, en la que varias fotografías de cuerpos torturados eran expuestas a los ojos de cualquiera. Ellos decidieron correr el riesgo de parecer antidemocráticos porque cuestionar la tan esperada democracia durante los ochenta, sonaba a fácil gorilismo.

Un escritor sobre los escombros

La palabra escombros remite a una ciudad desierta, en ruinas; un edificio derrumbado en el que sólo las cucarachas se asoman como únicas sobrevivientes del desastre. Algo así se imaginaron de Argentina Luis y sus compañeros cuando pensaron el nombre del colectivo artístico. “Escombros surge porque veíamos al país destrozado y pensamos que el nombre duraría hasta en tanto y en cuanto las cosas mejoraban. Sin embargo no pudimos, hoy deberíamos llamarnos Lo Roto, Boludo”. Una risa tímida por la mala palabra utilizada y la bronca de lo dicho, lo toman por asalto; cuando habla de las consecuencias sociales que dejó la última dictadura militar, el genocidio, la tortura y el miedo, algo en el cuerpo pareciera presionarlo a la silla; esa silla que lo hace sentirse vivo y acá en la tierra, en su despacho del diario, trabajando todos los días en lo que más le apasiona, que es el violento oficio de escribir. “Trabajé en varios medios que, bueno, en algún punto apoyaron varias momentos políticos con los que yo nunca estuve de acuerdo. De alguna manera canalizaba a través de mis escritos, del arte, a través de Escombros. Tuve miedo a la pobreza, de no poder darle a mis hijos un futuro”. Roza la ambigüedad en un santiamén y trastabilla al contestar. Algo en su voz cambia cuando se asume sobreviviente de la vida y no sólo del golpe de Estado. El haber llevado dos vidas, dice, es ese peso que lo empuja al caminar. Haberse asumido como sobreviviente hizo que sólo se dedicara a eso, a sobrevivir.

Pero él no baja los brazos y alienta a todos a no hacerlo, a seguir luchando. Nunca su nombre fue sinónimo de miedo completo. Por eso se internó muchos meses en Catamarca para escribir “No llores por mí Catamarca”, libro que le mereció premios nacionales y que partió de la cobertura del caso María Soledad Morales. "Fue lo mejor que hice en mi vida, aún mejor que el grupo Escombros. Una experiencia de vida increíble, me pasó de todo, me rompieron a patadas, me tiraron tiros, pero había una causa justa", asegura el periodista con una sonrisa dolorosa. "La Catamarca en donde fue asesinada María Soledad se caracterizaba por ser una sociedad donde el rumor se identificaba con la verdad. Donde la amenaza era una metodología política. Donde el empleo público era una forma de dominación impuesta por el gobierno. Donde el poder político hacía gala del más crudo nepotismo. Donde los hombres de ese poder tomaban decisiones en un prostíbulo", relata la contratapa de la novela periodística que escribió en colaboración con Alejandra Rey.

Hoy se considera el “entrenador” de los cronistas jóvenes del diario EL Día. “En la calle está todo, por eso yo los mando ahí”. Levanta sus banderas de autodidacta con orgullo. También levanta despacio su leve cuerpo, se prepara un café espresso y lo trae, tembloroso, a la mesa de vidrio vigilada por aquella escultura desvencijada. Entre sorbo y sorbo cuenta que además de continuar escribiendo para el colectivo de arte está desarrollando su faceta como poeta; faceta que había guardado en un cajón de su casa allá lejos y hace tiempo.

Pazos permanece tranquilo mientras, al lado, en la redacción, los periodistas trabajan con la presión del día: que gripe A, que robo allá, que elecciones acá; Luis no presta atención, se entrega a la nota como quien se arroja a los brazos de una novia enamorada y recuerda a una morocha que conoció en un viaje a Cuba, María de los Milagros y sus enormes caderas, recuerda los boleros que bailó, las bebidas que tomó, y su admiración por el Che Guevara. Recuerdos que lo definen como un tipo multifacético.
Porque Luis Pazos es un soldado de varios frentes.

viernes, 28 de agosto de 2009

La Dama del Rock


Andrea Álvarez, la mujer cuyo nombre el rock ha pronunciado muchas veces, vuelve a las pistas con disco nuevo. Con la producción de Jim Diamond (productor de los White Stripes, entre otros), “Doble A” se incluye en las bateas con un sonido más crudo que las producciones anteriores.

Por Guillermina Watkins

Como si estuviese recargada con las mejores pilas, Andrea Álvarez recibe a Lavueltalmondo en los interiores de la sala de ensayo Cucamonga del barrio del Abasto. El lugar, una casona antigua llena de afiches, pareciera ser el lugar elegido por los bateristas. Al entrar, el sonido de un bombo en negras es lo que más se escucha; tres bateristas ensayan, a la vez, en diferentes cuartos. De pronto un poco de silencio –de una pieza ya no se escucha más nada- y Andrea que sale de la primera sala apurada, pero con una sonrisa enorme.

Le pregunto por el rock en su vida. Llama la atención encontrar una mujer música al cien por ciento. Ella es puro rock. Pertenece a una de las generaciones de músicas que supo recuperar las raíces de aquellos hombres del rock de los setenta e innovar en el campo estético. Para Andrea no quedaba otro camino: ya desde chica su curiosidad musical le fue marcando un destino.

Niña prodiga del rock, Andrea fundó junto a María Gabriela Epumer y Claudia Sinesi la primera banda de rock de mujeres: Rouge. Un gesto provocativo durante la vuelta de la democracia que devino luego de años, en Las Viudas e Hijas de Roque Enroll. También compartió escenario y participó en varios discos de artistas como Charly García, Divididos, Soda Stereo, David Lebón, Los Tipitos, Attaque 77, Los Brujos, Baglietto, entre otros, como baterista o percusionista.

Ahora, en épocas donde vivir del arte en Argentina resulta una empresa un tanto complicada, Andrea se dedica pura y exclusivamente a su música. Afianzada con los músicos que actualmente la acompañan (Nano Casale en bajo y Mauro Quintero en guitarra), el trío de power rock está presentando su nuevo disco en el país y en América Latina. Para la baterista, cantante y compositora, “este nuevo disco es uno de los mejores que he hecho. Siento que produjimos una música nueva, moderna, por la estética musical. Muchos piensan que somos músicos D-modé y sin embargo estamos acá y nadie ha hecho lo que estos músicos D-modé continuamos haciendo”, declara desafiante.

Después de un disco producido “desde el dolor”, como afirma la mujer de rulos haciendo referencia a su disco anterior “¿Dormís?”, “Doble A” aparece como un disco fuerte, rockero, que recupera de manera integral las influencias históricas en la compositora argentina. Un poco de música negra, un poco del rock más clásico y hasta varias pizcas del pop más tradicional, conviven en el sonido “roto” que pudieron lograr gracias a la estética que le imprimieron los productores Emilio Haro y el norteamericano Jim Diamond.

“Lo mejor fue trabajar con ese sonido que no existía hasta entonces en el rock argentino. Gracias a Jim pudimos lograr el sonido que siempre quise: rockero, roto, pesadito. Además él no conoce otro sonido, entonces nos entendimos enseguida”, agrega Andrea mientras deja escapar su gran sonrisa. Cuenta que al trabajar con Diamond la influencia fue recíproca tanto que el productor norteamericano terminó comprándose discos de Pescado Rabioso, Manal, Los gatos y se los llevó a tierras norteamericanas.

Lección de rock

Andrea se despierta temprano y todo su día está relacionado a la música. Da clases, ensaya con la banda, practica batería, percusión, composición, canto y guitarra. Su faceta poli instrumental es parte de un objetivo a futuro: hacer shows donde pueda acompañarse con otros instrumentos y lograr una amplitud total. Pero, como si fuera poco, la interminable tarea de los músicos no se termina nunca. Ella también es una gran buscadora de estilos y nunca deja de escuchar música y discos nuevos para estar siempre al día.

Para ella, quien asegura que el rol de la mujer en la música popular fue siempre la de acompañar a los hombres y, en el caso de ser el alma creativa “bancarse la soledad”, el éxito le llegó demasiado tarde. “Esto que me pasa hoy debería haber pasado hace diez años. Pero bueno, en aquel entonces no contaba con los recursos que hoy sí y por eso “Doble A” también marca una etapa. Estoy muy contenta con este disco”.

Cuando habla de los músicos jóvenes algo la inquieta. No puede creer cómo en éstas épocas donde todo está al alcance de la mano gracias a internet, los jóvenes estén dispersos. “Veo que hay una división en los chicos: los que tienen mejores ideas por ahí no tocan muy bien y no ejecutan su instrumento como debieran. Además a veces veo que no tiene conciencia musical. Y los que tocan muy bien, generalmente, no tienen ideas nuevas. En los años del Flaco y en los míos, no existía la posibilidad de meterse en acordes.com, entonces creo que todo lo que hicimos debe ser rescatado por las nuevas generaciones”.

Tanto ella como María Gabriela Epumer se dedicaron durante toda su carrera – y Andrea también se enteraba gracias a su amiga durante los años que se dedicó a criar a su hijo- a buscar bandas de mujeres. “A Gabriela siempre le llamó la atención de las pocas mujeres que habían en el rock. Nosotras fuimos las que “guadañamos” el camino para que las demás pudiesen entrar, pero no a todas les gustó el rock”, agrega la compositora de “Doble A”.

No por ser mujer todas las bandas de chicas le gustan. A muchas las ve “dormidas” y, para que algo la conmueva, tiene que tener un grado de originalidad nunca antes escuchado. Bjork, Fionna Apple, Pj Harvey y, sobre todo, Joni Mitchell, “la señora del rock”, son sus grandes íconos musicales. También está la admiración por Jack White, que según ella es el mejor músico actual de la música contemporánea, y Jony Spencer.

“Tengo que sentir que pasa algo con la música porque hoy en día está todo hecho. Pero siempre hay algo que rompe, que innova, que aporta y agrega. Aunque veo que a la juventud le falta lo lúdico, la necesidad de la búsqueda y la experimentación son inherentes a la edad que están viviendo. Si vos querés hacer rock no podés desconocer a Moris o a Los Gatos. Yo le explico a mi hijo que tiene 13 años, cuando vemos algún video de Woodstock y nada le parece novedoso, que esa gente que él ve, esos tipos tirados de pelo largo, no existían antes”.

Esa enseñanza que Andrea le da a su hijo es la enseñanza misma del rock. El rock, como algo que cae desde algún lado, como una aplanadora, como un meteorito de poder que se escapó del cielo y aplasta la cabeza de los que estaban dormidos hasta entonces.