viernes, 3 de septiembre de 2010

Rafa Paz: “Me tienen harto los géneros”.-

Uno de los tantos alteregos del fotógrafo, publicista y manager de rock se confiesa en una charla de casi una hora con Agencia NAN. Rodeado de dos de sus amigos de la escena rockera y recientemente teñido de rubio a lo Lou Reed, el artista confiesa que está cansado de los encasillamientos, que ya escuchó todo lo que hoy está de moda y que quiere armar una productora donde todo sea rock.

Por Guillermina Watkins
Fotografía gentileza Rob Colanzo (Reynols)

Buenos Aires, Septiembre 3 (Agencia NAN-2010).- Rafa Paz tiene un sueño: quiere hacer todo –y de todo- por el rock. Desde aquel año en que salió de su ventosa Zapala natal para empezar a estudiar dos carreras que no le interesaron (Contador Público y Administración de Empresas), siempre supo que terminaría en la música de alguna u otra manera. De esas revistas perdidas como la Madhouse, o esas visitas a Mix Láser, la primera rockería de Neuquén, y también las graffiteadas por el centro zapalino, pasó a ser hoy uno de los fotógrafos de rock de bandas como Massacre, Litto Nebbia, Kahunas, Dante Spinetta, Tormentos, La Patrulla Espacial y el mítico grupo indie de los noventa conocido como los Reynols, que después de seis años volverá a reunirse a fines de este año.

Creador del sello Big Making Records, el artista pretende reunir a todas las bandas independientes que están sueltas, sin “identidad”, para seguir armando una pequeña familia de músicos: los amigos de Kirchner, Trostrigo, Sortie, Turi, Lo más horrible del mundo son algunos de los nombres a las que convocó para grabar en su firma en el estudio de Diego Acosta, músico también de Verdeoscuro. “Hoy es difícil vender discos, entonces algunos los producimos y otros los subimos a internet y de ahí le metemos”, le explica a Agencia NAN Rafa Paz que se acaba de convertir en un “Lou Reed de cinco pesos”, tras haberse teñido el pelo de rubio para su reciente cumpleaños.

--¿Cómo surge la idea de armar un sello independiente, siendo fotógrafo de rock, y cuál es el concepto que hay detrás de todo el proyecto?
--La gente no te compra los discos independientes y casi que tampoco está comprando discos de nadie. Entonces a algunos los sacamos y a otros no. Medio rata la onda, pero a veces quince pesos no son nada y encima te queda el disco. Tranquilamente, esos trabajos podrán convertirse en algo de culto o no, pero igual quedan, como parte de una época. Cuando tenés un sellito y vas armando una colección está bueno porque el sello te da una identidad o te garantiza algo, como la calidad misma.

--Entonces tu idea es conjugar todas las disciplinas comunicacionales para trabajar con la música, podría decirse…--Sí, ponele. O sea, yo empecé dos carreras que me di cuenta que no me gustaban, tal vez por un mandamiento familiar. Es más, no sé cómo me metí. En un año aprobé dos materias creo que porque me gustaba a la profesora, pero nada más. Me di cuenta un poco más tarde de algo: hay que hacer lo que a uno le gusta y ser amplio. Yo soy creativo publicitario, pero no trabajo de eso, trabajo del arte, haciendo publicidad y difusión de las bandas del sello, haciéndoles el managment y la fotografía. O sea, para mí la música es un todo, hay un todo alrededor de la música, ¿no? Es más, me metí en la fotografía de rock porque me gustaba el rock y la fotografía, no más que eso.

--¿Y cuál fue tu primera foto, cómo hacés para llegar a Litto Nebbia?
--Uff... a ver, yo empiezo con Masacre, sacándoles una foto con la misma cámara que le sacaba fotos en los actos a mis primas. Después, empecé a curtir la onda garage, “Saaaarf” (surf) como dice Litto, y así fue llegando el resto de los artistas. Yo no trabajo para ellos, sino que trabajo con ellos. Es más, a Litto lo conocí por un amigo y casi que le declaré mi amor sacándole fotos. Después, conseguí su e-mail, le mandé las fotos, le gustaron y me respondió. Para mí fue un flash recibir un correo firmado por él. Quizá si fuese un ser sensible le sacaría fotos a viejitos, pero la música es lo que más me interesa en la vida.

--Podrías reeditar los discos de Los Gatos con Big Making…
--¡Ojalá! La verdad que sería fantástico, pero no sé cómo es el tema de los derechos. Es una de mis bandas preferidas. Yo reeditaría todo, no puedo creer cómo Beat N° 1, cuarto disco de Los Gatos, no se puede conseguir porque no lo tiene nadie. Es una locura. No deberían faltar las piedras fundamentales como ellos, Pappo, que le dieron tanto al rock.

--Ahora hay como un resurgimiento del rock nacional en las bandas independientes, ¿lo ves de la misma manera?--Sí y no. En algunas bandas se nota esa intención de recuperar el rock y en otras no. Yo estoy escuchando de todo. Estoy cansado de los géneros, los detesto, me cago en ellos. Me gusta mucho el folclore, el rock. Estoy escuchando a Shaman, La Patrulla, Los Reyes del Falsete, Ruta del desierto, algunas bandas de Chile, como Los Tres o Prisioneros, Los Gatos. A veces cae mi amigo Gus, bajista de Amorfus y me trae Morphine, con su saxofón. Es decir, no tengo problemas de nada ni con nada.

--Y ahora, al menos los que te siguen por Facebook, han descubierto que empezaste tu carrera de músico. No tenés problema en calzarte el poncho, agarrar el bombo e irte de gira por Chile.
--Mirá, si la gente se enteró hace dos meses que soy músico, yo creo que me enteré hace tres. Nadie me hacía el aguante con el tema del folclore, como que están encerraditos en sus cosas y yo siento que escuché eso varias veces. ¿Cómo puede ser que tengamos casi 30 años y sigamos escuchando lo mismo? Hay cosas que te tienen que dejar de gustar a cierta edad, no sé, ir sumando a la gran biblioteca. No hay que encerrarse en un estilo, y por eso yo quiero ir armando una banda que haga un tema de cada estilo, que sepa fusionar. Cuando ensayamos a veces sentimos que tiene que ir una parte de drum and bass y la ponemos. Onda, folclore con drum and bass, con un poco de Cafrune, de Los Jaivas, de rock, de cualquier cosa.

--Y se fueron de gira con Trostrigo, que es tu proyecto de folclore.--Sí, toco con Rodrigo que es un chico de Chile. Nos fuimos allá porque hay como una movida más grande de folclore independiente. O sea, acá hay, pero es como siempre el mismo circuito. Allá hay de todo en todos lados. Acá no siento que haya algo nuevo en el folclore argentino. A veces Shaman hace algo con eso, pero sino es todo lo mismo. Por eso apareció mi alter ego, Poncho Korea, que es como Batman, sale cuando tiene que salir, el resto del día soy Bruno Díaz, casi multimillonario.

Así, Rafa Paz, Poncho Korea, Trostrigo, como quieran llamarlo, cierra su diálogo con Agencia NAN, entre muchas risas con sus amigos el saxofonista de Amorfuss y Rob Colanzo, guitarrista de Reynols , quienes son los encargados de sacarle la foto para la siguiente nota y en una última declaración afirma que su nuevo proyecto será hacer música para el acto sexual “onda Massive Attack, onda Air”. Habrá que esperar sentados las novedades. O quizás sea mejor acostados.


Big Making Records: http://www.big-making.com/
Web foto: http://www.fotopaz.com/

miércoles, 18 de agosto de 2010

Moscas en La Conrado Centro Cultural de Neuquén.-

Humor negro, danzas estrambóticas y una heladera que conecta el mundo exterior con una cocina que es el epicentro de una historia de violencia familiar son algunos de los ingredientes que condimentan la obra creada por el grupo que dirige Anahí Acosta en la capital neuquina.

Por Guillermina Watkins
Fotografía gentileza de Luisina Fontenla

Buenos Aires, agosto 10 (Agencia NAN-2010).- El nuevo camino del teatro independiente neuquino está signado por el absurdo de las situaciones comunes. Sin dejar, claro, la inventiva ficcional dramática de sus personajes, el teatro de la región patagónica pareciera estar transitando rumbos frescos donde la burla, el humor, el doble sentido y los gags más inesperados pueden cobrar sentido con vertiginosidad. Así al menos es lo que demuestran varias de las obras que están en cartelera en la capital de Neuquén, como la recién estrenada Moscas, dirigida por Anahí Acosta y que permanecerá en escena todos los sábados de agosto, siempre a las 21.30 en La Conrado Centro Cultural de esa ciudad (Irigoyen 138).

Las moscas no son las que el filósofo francés Jean Paúl Sartre denominó como la “conciencia que busca la libertad”, sino una excusa para empezar a hablar sobre esas cosas que molestan en los circuitos sociales más íntimos. El ejemplo más claro es la familia: epicentro de rencores, odios, alegrías, amores y decepciones. Así, el grupo de teatro concertado eligió trabajar sobre los vínculos estrechos que, a través de la frustración de los individuos que la componen para lograr sus aspiraciones, recurren a la violencia física y psicológica como solución al problema. Es decir, las moscas, su sonido molesto y la necesidad de aniquilarlas una por una, demuestran los rasgos enfermos de una familia en decadencia que a través de guiños al espectador, lo sacan de su lugar y le cuentan con gestos, palabras y silencios, un poco de las redes que se tejen en cada familia.

En principio, la obra transcurre en un escenario cotidiano: la cocina de un hogar. No son necesarios más que una mesa, varias sillas, un matamoscas en aerosol y uno analógico (manual), ollas, un boul y otros elementos útiles, además de bolsas de compras vacías en una heladera desvencijada que funciona de puerta de entrada y salida de los actores.

De esta forma, Carolina Encina, María Prieto, Laura Romero y Leandro Stepanchuc se ponen en la piel de Lucrecia –hija medio estúpida-, Catalina –abuela cómplice-, María Rosa –madre sumisa y violenta- y Braulio –padre alcohólico y violento- y narran en pocas palabras las peripecias de una familia signada por la violencia del silencio y la sumisión por parte de las mujeres a un ente mayor –Braulio- que las domina psicológica, física y económicamente.

Con este hilo, la obra transcurrirá durante una hora, a través de un viaje de humor negro. En ese movimiento se logran ver diferentes formas de ejercer la violencia: una espiral del silencio que va colocando a cada uno de los personajes en su rol de sometimiento y que sólo en un momento se pondrá en jaque cuando Catalina, la abuela, decida comenzar un juego de intercambio de roles. Así, cada uno de los personajes será partícipe del terror que ejerce sobre el otro pero durará poco la ilusión y el desencanto, y los personajes elegirán volver a sus pieles vergonzantes.

Escenas donde Braulio le pega a su hija y se desata una danza estrambótica muy bien lograda por la niña, o bailes eróticos que narran el momento en que el padre obliga a su mujer a mantener relaciones sexuales, contrastan con las intenciones de una Lucrecia liberada y decidida a vengarse de su progenitor. Ahí es donde la obra comienza a tener otro sabor. De la amargura temática –y no de sensaciones, porque, como se dijo, en ningún momento el tópico violenta lleva al espectador a la congoja-, se pasa a momentos graciosos, bizarros, donde las tres mujeres comienzan una emboscada contra Braulio, musicalizada por la excelente composición de Carlos Tendler, que no llega a completarse pero que tiene un final feliz ya que definitivamente Braulio las deja solas. O al menos, eso es lo que parece.

El resto cabría imaginárselo. ¿Cómo estas tres mujeres partícipes de un círculo vicioso podrán manejarse solas en un contexto tan desolador como el que Moscas anuncia? Sin embargo, a ellas pareciera no importarles y el amor comienza a materializarse en sus miradas. Así, las tres, con caras de mujeres maltratadas no sólo por un marido acosador sino por las últimas consecuencias del país que las dejó medio estúpidas, desamparadas y dependientes, comienzan un nuevo camino en sus rutinarias vidas.

¿Podrán, entonces, hacerlo? La obra no da indicios de eso y, de hecho, es complicado imaginárselas despegando psíquicamente de la realidad violenta. De todos modos, ellas sonríen estúpidamente. Con esa estupidez propia del humor negro y del poder reírse de las cosas más cercanas; esas que están a la vuelta de la esquina, dentro de nuestra casa, en nuestro ombligo.

martes, 3 de agosto de 2010

A donde van esos chicos modernos...

La vigésimo primera edición del festival reunió a cuatro bandas bonaerenses y concluyó con la misma sensación que dejaron sus predecesoras: el under argentino sigue dando que hablar.
Por Guillermina Watkins

Fotografía gentileza de Frida Stecher

Buenos Aires, julio 27 (Agencia NAN-2010).- El under tiene un lugar específico. En el sentido más estricto de la palabra posee un área tangible y una identidad. Ese sitio físico y a la vez virtual, se llama Turdera Fest, que en su vigésimo primera edición  logró posicionarse otra vez como un punto de privilegio de la música alternativa bonaerense. Más allá de eso no ancló su rastro en el viejo club Alumni, donde supo nacer, hace dos años, sino que Turdera se convirtió en algo tan grande que sus organizadores sintieron la necesidad de ampliar sus horizontes y salir a dar vueltas. La Plata, Zona Oeste, Capital Federal e incluso varias ciudades del país tuvieron la oportunidad de conocer este festival y vivir las sensaciones que brinda en carne propia.

En la noche fresca del sábado, la posibilidad fue para quienes asistieron al Centro Cultural Zaguán Al Sur de la Ciudad de Buenos Aires. Allí, cuatro bandas se reunieron para inaugurar el tercer encuentro musical del año. Javier Punga y su conjunto musical abrieron la velada con un recorrido por los temas de los discos caseros con más formato a canción, y con la nueva artillería de su disco Manzanas Deliciosas que incluye bases electrónicas y la increíble actuación de Luis, su bajista, que con sus ritmos no deja en paz a los espectadores. Así, el autor de “Multimillonario” o “Chica cheta” se subió al escenario cerca de la medianoche para comenzar un show de rock poderoso, basado en la monotonía y las fuertes entonaciones de su cantante.

Sin dejar un silencio, entre temas de New Order y Blondie, que el DJ de turno se encargó de poner para el público espectante, se hizo cargo de la escena Viva Elástico, una de las bandas del indie que más está dando que hablar por su capacidad de mezclar sonidos. Una fusión de Palo Pandolfo, con la época de Francisco Bochatón solista y hasta Las Pelotas o Interpol, los Elásticos no le tienen miedo a hacer un cover de Sergio Denis o frenar para volver a tocar un tema que empezó a destiempo. Con voz sacudidora y necesidad de libertad, su cantante va modulando emociones sin remedio de una generación de jóvenes rockeros a la que pertenece, acompañado por un buen séquito de músicos que no lo dejan solo. Con más de diez temas durante su repertorio, los Elástico dejaron bien en claro cuál es su arma secreta luego de ocho años de tocar juntos: canciones pop con existencialismo suburbano y una voz que pide a gritos un cambio.

Así, después de una entrada en calor de por más riffera, se subieron al escenario Los Reyes del Falsete para convidar al público de un poderoso trío de batería al frente y dos guitarras a falta de una. El trío de Adrogué, que viene moviéndose desde el año pasado con su disco La fiesta de la forma, irrumpió en el escenario de la calle Moreno para comenzar con un grito profundo de su cantante e incitar a la gente a la fiesta. Una fiesta sin forma ya que resulta complicado seguirle el ritmo a una banda que invita con canciones tranquilas pero que por su distorsión sacuden, o que por sus tempos podrían ser temas bailables y que por ser cortados con una batería noise, dejan al espectador atónito. Miedo, fiesta descontrolada, chicas borrachas, Yabrán y el ferrocarril Roca son los temas de los que hablan los hermanos Rex y Munchy con la clara influencia de los Flaming Lips o Sonic Youth.

Ni bien el power trío se retiró, el público parecía no querer dejar el calor que los abrigaba cerca del escenario. La manta de olores y humos contenía a la mayoría de las personas que fueron a ver a alguna de las bandas o a deleitarse con todas ellas. La gente bailaba mientras una rubia llamativa con vestido de satén- la bajista de Mujercitas Terror- se subió al escenario para colgarse el jazz bazz de colores oscuros que le pertenece. Diez minutos pasarán hasta que los primeros rasguidos de un bajo tocado con púa anuncien que el show comenzará. Doce temas en clave punk u otroyoianos, con una voz oscura y profunda de la rubia y los gritos del flaco de rulos que la acompaña, harán bailar a las más de doscientas personas que acudieron al Turdera Fest, para darle nuevamente el sí al under argentino.


Mujercitas Terror: http://www.myspace.com/mujercitasterroroficial
Viva Elástico: http://www.myspace.com/vivaelastico
Javier Punga: http://www.myspace.com/javierpunga
Los Reyes del Falsete: http://www.myspace.com/losreyesdelpacheco

lunes, 5 de julio de 2010

Discos: “Elesplit” (Sr. Tomate, Shaman & Los Hombres En Llamas y Prietto Viaja Al Cosmos Con Mariano, 2009).-

Nueve temas grabados por tres bandas y músicos invitados componen un disco marcado por la variedad de estilos, la simpleza de las canciones y la fluidez de una charla entre personas que hablan el mismo idioma.
Por Guillermina Watkins

Buenos Aires, julio 5 (Agencia NAN-2010).- Un punkie tradicional, de ciudad o de suburbio, podría afirma que sólo la cresta y las tachas estarían anunciando estéticamente lo que esas cuatro letras inglesas implican. Sin embargo, con la aparición de Elesplit, disco en conjunto de tres de las bandas que vienen sumando más seguidores en el indie, parece indicar lo contrario.

Fieles a su tradición de músicos de ciudad, encerrados en el patio de alguna casa amiga o bien en una de las tantas plazas que hay en La Plata, estos once músicos y amigos invitados decidieron componer un disco en conjunto que reflejara justamente eso: la fraternidad gestada por un grupo de personas que, durante tantos años de ensayos, recitales y bandas en común, fueron afinando una misma línea estética.

Así, haciendo honor al espíritu punk y a su costado comunitario, como alguna vez lo hiciera La Cofradía de la Flor Solar en los setenta y su espíritu que sigue latiendo en el rock local, grabaron un split: formato de disco compartido por dos o más grupos que, debido a los costos de grabación, se solía hacer para enfrentar el avance de los precios. Con la aparición del cassette, muchos grupos punks y hardcore solieron hacerlo para poder mostrar lo suyo. “Yo recuerdo haber tenido varios cassettes de bandas independientes grabadas de esa forma. 2 Minutos, Flema y Attaque lo hicieron. Son artesanales, discos especiales como el espíritu de tomar mate con unos amigos”, confirma Eduardo Morote, baterista de Sr. Tomate.

Elesplit está constituido por nueve temas --tres de cada banda-- que fueron grabados y arreglados por toda la “comunidad” de músicos que se encerraron durante dos días en Kraut, la sala de ensayo y grabaciones del músico patagónico y colaborador de varias bandas de la escena local Shaman Herrera y que frenaron sólo para dormir, para darle rienda suelta a su poder creativo, catártico.

El resultado es un disco cargado de variedad de estilos pero con el mismo camino trazado: el de la simpleza de las canciones y la fluidez de una charla entre personas que hablan el mismo idioma. Ese recorrido lo inicia Prietto Viaja Al Cosmos Con Mariano, banda porteña pero platense por adopción, con “Me vas a recordar” y la impronta de su voz llorona y sus guitarras monotónicas del clásico indie. Sin llamar mucho la atención, una voraz canción de Los Hombres En Llamas, “Vendaval”, se impone con un rock y una voz más potente en esencia que la de Prietto. El siguiente es de Sr. Tomate “Llano” donde se dibuja un tema recurrente de la banda: el desamor, el vacío, la dificultad de levantarse de la cama y el claro contraste con una música alegre.

Así será el proceso hasta el final, pero por triplicado. A Partir del cuarto tema, la cosa se pone más colectiva y se ve la intención primigenia del disco cuando los músicos comienzan a mezclarse e, incluso, a invitar amigos como en “Canción para el Afro y Shaman”, de Prietto, donde participan músicos de Sr. Tomate o “La casa está en llamas de Shaman”, en el que se suma la voz grave de Natalia Politano, “Poli” de Sr. Tomate y Lucas Borthiry de La Patrulla Espacial, para hacer dos de los temas con más fuerza lírica y musical del disco.

La cuenta continúa con “Papá”, de Sr. Tomate, “Los perros del lugar”, que le da cierre al viaje de Prietto y Mariano, “El río en el camino”, una explosión de Shaman por temor al desencanto y al escepticismo, y “Oso de invierno”, de Sr. Tomate, que es cantada a coro por los once músicos que le dieron vida a esta maquinaria de sentimientos compuestos por los clásicos acordes simples del punk.

MySpace: http://www.myspace.com/vivaelesplit

"No te pierdas de lo real" (Varsovia Varuna, La Plata, 2009).-

El trabajo primigenio del cuarteto platense mantiene a lo largo de diez temas una línea rockera que se deja influir en varios momentos por el reggae, la milonga, la zamba y el vals.
Por Guillermina Watkins

La Plata, junio 21 (Agencia NAN-2010).- El cuarteto de La Plata Varsovia Varuna lejos está de sonar como Varsovia, la primera banda de los ex Joy Division y ex New Order. En vez de climas oscuros y melodías graves, los Varuna se proponen dejar en la memoria musical un disco de diez temas que le rinde homenaje a la canción tradicional y se deja influir por el reggae, la milonga, la zamba y el vals, sin perder el rumbo de una línea rockera.

De este modo, la banda comandada por la voz bien trabajada de Juano fue formando su amplio séquito de seguidores del rock universal y, así, llegó a tocar junto a Baltasar Comotto (guitarrista del Indio Solari y de Luis Alberto Spinetta); compartir escenario con el excéntrico músico uruguayo Martín Buscaglia, ser soporte de NTVG en Rauch y participar como invitada en el festival Muchogustok.

No te pierdas de lo real, el álbum primigenio de esta banda que vanagloria del rock en todas sus formas, propone un recorrido por alguno de los ejes temáticos de la vida e invita, como punto de reflexión más fuerte, a no perderse de lo real ante las adversidades, intentando llegar a la gente sin peajes.

Así, abre el repertorio de una decena de temas “Pecan”, en clave reggae, con guitarras seguras al frente como una crítica a quienes venden una realidad estanca, con culpas, sexo castigado y a quienes “pecan por no pecar”. Inmediatamente le sigue “Hawai”, pista que comienza con un ritmo similar al de una balada, una cancioncita, y termina con mensaje esperanzador para quienes se levantan con miedo.

“Quedate acá” y “Bombea”, canciones rifferas con un tinte arbolesco, son temas que tienen la misma línea: empiezan tranquilos y después se convierten en una ola de guitarras y trompetas principalmente. “Milonguita” y “Zamba” son dos temas que permiten una salida del trayecto que venían transitando los músicos para desembocar en las opresiones y represiones, y en la necesidad de sentir que “el sentido de la realidad es sentir realmente que estás acá”.

Cierran “Aglusón”, una balada rockera y desahuciada; “Fuga”, un valsecito; “Cosas”, uno de los mejores momentos el disco donde los artistas reflexionan sobre el amor, el miedo y la muerte; y “Cochecitos”, una crítica a una sociedad que sólo prefiere andar contando las victorias y que por eso se impone “borrar su memoria”.

Por eso, los lectores de Agencia NAN tienen la oportunidad de llegar a esta banda, que propone encontrar una mirada distinta de tanta realidad como punto de partida para dejarse llevar por el verdadero sentido de las cosas y sobre todo de la música.

Maga Lee: “¡Los vinilos no deben venderse!”.-

El alterego drum & bass de la hermosa Gisela Magalí Lago es una especie de princesa oscura, como las brujas sexys de las películas de Disney. Salvo que su mundo no es de fantasía: sumergida en un género rezagado aunque creciente en Argentina, que tiene además pocas exponentes, la DJ se propone ampliar horizontes y se le anima a las bandejas. También, a una charla con Agencia NAN.

Por Guillermina Watkins
Fotografía de Santiago Goicoechea

Buenos Aires, junio 17 (Agencia NAN-2010).- Es mediodía en la esquina de Suipacha y Sarmiento, y además del constante movimiento cotidiano, los bares están superpoblados porque se juega la primera fecha del Mundial de Sudáfrica. Cientos de oficinistas comen la promoción del día y miran el partido en un silencio sospechoso, mientras que por la inmensa puerta de vidrio de uno de esos cafés entra una chica tamaño small con grandes ojos verdes. Es Maga Lee, la DJ mimada del drum & bass porteño y una de las pocas mujeres de la electrónica local, junto a Mina, Carla Tintoré y Romina Cohn. A regañadientes, la intérprete“madruga” para el encuentro con Agencia NAN y allí se entera de que el torneo más grande del fútbol mundial ha empezado.

Gisela Magali Lago cuenta, entre sonidos de vuvuselas y varios “¡uh!” de la inercia futbolera, que el drum & bass, su estilo predilecto, es poco masivo en comparación con otros, pero que aún así ella prefiere seguir tocándolo. “Una vez, charlando con un amigo, me preguntó al aire qué pasaría si el drum & bass fuese masivo como el minimal y yo pensé: ‘¿Estarían todos bailando como floggers?’. La conclusión de ambos fue que era mejor que siguiéramos siendo under”, rememora entre risas agudas. Y salva: “Aunque, si lo hiciera, tendría más trabajo”.

Con el paso del tiempo, Maga Lee se fue erigiendo como una especie de princesa de la escena local, con un sonido potente y bastante oscuro pero sin dejar de ser femenina cuando se sube a los escenarios. “La gente no entiende muchas veces el estilo, pero mi función es hacerla bailar, y siempre lo logro”, acota. Y luego advierte que “bajo ningún punto de vista o crisis económica, los vinilos deben venderse. ¡Nunca!”. La chica se confiesa fanática de la música y se le nota cuando habla: soulfull, jum up, tech spte, dark step, liquid funk y demás conceptos se deslizan en cada una de sus frases.

Under o poco masivo, lo cierto es que el drum & bass generó su propio circuito con el correr de los años, a pesar de ser la “oveja negra” de la música electrónica. Como principal trinchera, todos los martes en Barhein, la ex bóveda de un banco ubicado en el Microcentro porteño se realizan los ciclos +160, organizados por el DJ residente Bad Boy Orange y que llevan 8 años de ritmos rotos y varias visitas internacionales en su grilla. Ahí, aunque no haya sido su lugar de nacimiento musical, se fue fogueando Maga Lee junto a un grupo de DJs conformado por Orange, Buey, Lauder, Felipe, GiorgioLive, Pablo Terreil y el platense Luis Zerillo, que se sumó hace poco al staff.

“Empecé en un cumpleaños de un amigo por el 2002, 2003, y pasaba sólo techno. En ese momento no sabía mezclar, pero igual me mandé varias veces. De toque, me pasé al drum & bass porque me di cuenta de que me daba otras cosas el estilo: varía todo el tiempo y me saca de mí. Yo siempre pongo el drum & bass más agresivo que encuentro”, relata la DJ. Maga, que lleva ese apellido artístico por sus rasgos achinados y que fue bautizada asì por sus amigos en alusiòn a Bruce Lee, el maestro de las artes marciales hollywoodense, decidió hace menos de dos años dedicar de lleno su vida a la música electrónica o a ese “trabajo indigno”, según el gran Pappo Napolitano. Ella sabe que los ritmos rotos de Goldie o Photek (los principales exponentes del drum & bass a nivel mundial) son un estilo difícil de promover y, sin embargo, la escena local va sumando cada vez más adeptos en público, ciclos independientes y músicos productores.

“El ciclo +160 es súper importante por el esfuerzo de Bad Boy Orange que, si bien no fue el primero en pasar drum en el país, es el único que sigue dándole rosca y que, además, armó todo un circuito de la movida. Después están las Killerdrumz y el Bass Or Die, ciclo que organizamos con DJ Neda algunos fines de semana para la gente a la que le gusta el estilo pero que no puede salir los martes”, relata Maga Lee.

Como trabajadora ferviente del drum & bass, pero sobre todo de la música electrónica en bandejas, ella sabe que para vivir de la música tiene que ampliar sus horizontes, o al menos es lo que se está planteando. “Estoy armando otras facetas musicales, pero siempre bien arriba: techno y house. No voy a cambiar de nombre, siempre voy a pasar drum & bass, pero ahora Maga va a ser DJ full time”, agrega la única mujer que se le anima a las bandejas y confiesa, casi hablando en tercera persona y a forma de remate, que prefiere ir a ver una banda en vivo que a un DJ. Mientras, abandona sus intentos de comer una porción de pizza fría en su amanecer tardío.


http://www.myspace.com/djmagalee

sábado, 29 de mayo de 2010

Discos: "Todos los ocasos" (La Patrulla Espacial, 2009.-)

El cuarteto patagónico ofrece doce canciones que combinan el blues argentino y el kraut rock. Los climas envolventes, las letras cómplices y los mensajes oscuros que priman en sus presentaciones en vivo también componen la estética de su primer LP.
Por Guillermina Watkins

Buenos Aires, mayo 24 (Agencia NAN- 2010).-
“Toda la noche esperaste el blues, toda la noche”, canta Tomás Vilche (o Bowie, su nombre artístico) en el quinto tema de Todos los ocasos, primer larga duración de La Patrulla Espacial. Sin embargo, a esa altura, quince minutos del blues contemporáneo más espacial suenan en la cabeza del oyente predispuesto. ¿Por qué? Porque estos músicos de las provincias de Tierra del Fuego y Chubut que se mueven en el circuito de La Plata parecieran querer acercar la tradición de los memorables primeros cuatro discos de Pappo's Blues, pero también los vestigios de una tradición que viene del kraut y del camino repetitivo y expansivo.

Así como la fuerza que despliega en vivo, los climas envolventes que el cuarteto brinda en doce temas liberan los sentidos, con letras cómplices y mensajes oscuros para despertar a los quietos e incitarlos a tomar una
coupé antes de viajar por terrenos cordilleranos. Aquí, el noise de La Patrulla inicia su recorrido con “Blues de algún lugar”, tema clásico de riffs pegadizos, armónicas y wah wahs machacantes que hablan del amanecer después de la oscuridad. Luego llega “El perfume”, el hit, un rock and roll tan directo como cualquier tema de Pescado Rabioso: “¿Qué significan esos ojos hoy?”, grita Bowie en el final del estribillo y las guitarras de Lucas Borthiry van para adelante, dándole dramatismo a la canción.

A “El hogar de nuestras vidas” le sigue “Me voy de casa”, un blusecito de armónicas dylanescas, más alegrón e instrumental que el resto y que sólo dura 52 segundos. “Toda la noche” vuelve a marcar un momento de subida y “Blues para la última salida del sol” plantea la soledad de esa estrella, que pareciera morir mientras amanece. “Todos los ocasos” y “Boogie de humo” son bien rifferos, no terminan de arrancar y dejan con ganas de más.

Para esa ansiedad, “Psicodélicos sonidos boogie”, o el tema que podría ser el “Masacre en el Puticlub” de La Patrulla; “Hacé lo que quieras”, un blues bien
noisero y escéptico; “El alma de las cosas muertas”, un tema oscurito y de guitarras densas y acopladoras; y finalmente “El cuervo dorado”, canción colgada, corte western, de última resaca de algún viejo blusero, de esas que se repiten en alguna computadora de barrio un domingo por la tarde.
MySpace: www.myspace.com/lapatrullaespacial