domingo, 18 de septiembre de 2011

Voces en llamas


Neuquén > Las cenizas que quedaron en la atmósfera debido a la erupción del Cordón Caulle  siguen complicando las cosas en el valle. Eso quedó demostrado el pasado viernes, cuando en Teatro del Viento Shaman Herrera, el músico de La Plata invitado por su colega Bicho Bolita,  se subió a tocar con sólo algunos de los “hombres en llamas”.  Por eso, al show le faltó fuego. Esa cadencia rock que le imprimen su baterista y bajista. Sin embargo, de a poco el público fue entrando en confianza, y el hombre de galera y saco largo demostró cómo hacer un concierto que, sólo con vientos,  imprima en la cabeza del oyente algo más que los restos de un fuego mal apagado.
En un show semiacústico, Shaman realizó un recorrido por los temas de su último disco homónimo –también conocido como el disco plateado- en el que se destacan los temas “La Niebla” y “Casi llorando”. Además, sonaron temas de sus discos anteriores “Respiran humo”, “Diadema” y “En el mundo del fuego”.
Una voz poderosa y muy particular, que pega alaridos animalescos  e introduce los hömeii, un canto gutural ruso, más las letras que Herrera canta pero narra como un payador del desierto patagónico (melancólico, solemne, un tanto oscuro), son la fórmula que músico de Comodoro Rivadavia ha sabido encontrar para convertirse hoy, en uno de los referentes de la movida independiente de La Plata.
Por su parte, el Bicho Bolita y Los Paris Gatitos demostraron por qué cada vez que se presentan en vivo lo hacen a teatro lleno. Composiciones líricas desde el interior de un cantante introspectivo y muy buen frontman, una voz que cautiva por expansiva y el despliegue de una banda potente.
Así, la noche se convirtió en un guiño entre dos de las voces que comienzan a despegarse del under y que, con la música como excusa, nos muestran sus formas de ver el mundo.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Cine de Sudestada


Con sus dos últimas producciones los realizadores neuquinos Iñaki Echeberria y Fabio Rodriguez Tappa, recibidos de la Universidad del cine y el ENERC respectivamente, lograron abrir la cancha hacia nuevas historias que reflejan el pasado y el presente de una Patagonia que siempre estuvo cerca.

Por Guillermina Watkins
Fotografía gentileza Fabio Rodriguez Tappa

Neuquén, septiembre 14 (Agencia NAN-2011).- Rescatar las historias que esconde la Patagonia, tierra que ha visto muchos pies poblarla, fue una de las premisas que los realizadores audiovisuales Fabio Rodriguez Tappa e Iñaki Echeberría persiguieron desde su camino artístico. Además de ser testimonios de la vida en ese suelo al sur del país más al sur del mundo, El Mundial que nunca se jugó, basado en el cuento de Osvaldo Soriano, y Chaneton, el documental, fueron elegidas entre más de cien presentaciones dentro de los concursos que el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (NCAA) lanzó el año pasado en el marco del Plan Operativo de Promoción y Fomento de Contenidos Audiovisuales y Digitales del Sistema Argentino de Televisión Digital Terrestre, como representantes de Río Negro y Neuquén respectivamente.

“Con esto se nos abre la cancha. Es el momento de contar las historias de la Patagonia sin caer en las tendencias for export. Es un despertar”, resaltó para Agencia NAN Fabio Rodríguez Tappa, uno de los mentores de la dupla Vamos viendo, con la que, entre otras producciones, trabajaron para XXY de Lucia Puenzo (2007) y On the road (2010), la versión audiovisual de la novela de Jack Kerouac producida por Francis Ford Copolla y dirigida por Walter Salles.

La primera gran historia
Tanto Tappa como Echeberría se encontraron, en pleno sol de febrero, cumpliendo con los roles de guionistas, realizadores y directores. Las producciones fueron filmadas en Barda del Medio, una localidad ubicada al norte de Río Negro, donde se estima viven alrededor de 1500 personas; pobladores que formaron parte de las filmaciones como extras.

“Hablar de Chaneton es como hablar de San Martin, porque para la ciudad fue muy importante aunque pocas veces se lo recuerde. La Patagonia está llena de historias para contar. Una vez, en un viaje a Hua Hum (San Martín de los Andes), me contaron la historia de Martin Bresler, un sudafricano que llegó a la ciudad a fines del XIX para trabajar en el campo. Luego cayó preso, por delitos nunca comprobables. En la cárcel organizó la fuga de presos más importantes de la Patagonia días antes de obtener el beneficio del indulto por extranjero, que derivó en la Matanza de Zainuco. Pero él logró escapar a caballo, cruzando el río Limay y el Collon Cura en invierno y, cuando lo agarró una nevada en el cruce de Hua Hum, mató a su caballo y se metió en su vientre para no morir congelado. De esa historia oral que cuentan los paisas se desprendió inmediatamente la de Chaneton”, destacó Rodriguez Tappa.

El relato es llevado por tres historiadores de la ciudad: Enrique Masses, Fernando Casullo y Santiago “Polito” Belmonte. Ellos construyen la historia de Chaneton en base a una pregunta que los directores, aún viviendo en Buenos Aires, comenzaron a hacerse: “¿Qué es lo que encanta de Neuquén y especialmente de la Patagonia?”

“Si bien hay belleza, muchas de las ciudades no son agraciadas por la cuestión climática. Son ásperas, pero la gente se queda porque las quiere y, sobre todo, porque son tierras de soñadores. Imaginate lo que era hace cien años, y muchos se quedaron. Como Chaneton, que vino con el sueño de defender los derechos de las personas y, por denunciar una matanza, tuvo que soportar que el gobernador (Eduardo) Elordi le sacara el apoyo oficial a su diario y ser asesinado camino a Buenos Aires, hacia donde se dirigió dispuesto a denunciar ante el presidente (Hipólito) Yrigoyen la matanza de Zainuco, donde fusilaron a los presidiarios”, destacó Rodriguez Tappa.

Un mundial que si existió
Uno de los enamorados del sur fue el periodista Osvaldo Soriano quien, atravesado por la monotonía de la estepa, lanzó el puntapié: en 1942, el Mundial no pudo realizarse debido al conflicto bélico de la Segunda Guerra. Sin embargo, como un presagio, Soriano escribió que en el pueblo de Barda del Medio (poblado por muchos inmigrantes, como toda la Patagonia), la copa máxima del fútbol se había llevado a cabo.

Así, el documental de Rodríguez Tappa y Echeberría se inicia cuando un poblador del lugar, después de leer el cuento, se pone a investigar cuánto hay de ficción y cuánto de realidad. Para ello, entrevista a los viejos jugadores y arma un audiovisual intercalando las charlas con imágenes de aquel famoso certamen. Italianos, alemanes, polacos, todas las nacionalidades participan de la competencia en la ficción e, incluso, miembros de pueblos originarios disputan la final con los germánicos.

“La idea se nos ocurrió cuando veníamos desde Buenos Aires viajando en una citroneta. La historia se fue dando de manera natural a medida que conocimos el lugar. Elegimos a Enrique Esteban como protagonista, hijo de uno de los creadores del clásico Ramos Generales del pueblo. Todo el equipo técnico, actores, extras y músicos (alrededor de 150) es o nació en la zona. Después de filmarlo y hablar con la gente, nos dimos cuenta que Soriano no estaba tan loco. La sensación fue que sí, el Mundial del 42 se jugó acá y no mucha gente se enteró”, concluyó Rodriguez Tappa quien se encuentra, también, en plena producción de otros guiones referidos a la vida del cura Don Jaime de Nevares, quien tuvo un rol fundamental para la sociedad neuquina durante la última dictadura militar.

“Hoy dejemos las puertas de la iglesia abiertas porque seguro alguien se va a venir a refugiar”, es la frase con la que Nevares comenzó su vida de servicio a los más desprotegidos. Con él, la iglesia fue verdaderamente la casa del pueblo. Pero también hubo sucesos importantes como fue el Choconazo, en 1969, o las puebladas de Cutral Co desde la década de los cincuenta. En Neuquén no anda el colectivo y la gente lo toma. Somos ásperos en un lugar áspero”, fue la conclusión a la que, en primeras líneas, logró llegar el realizador.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

La renovación del Folk


Shaman Herrera, representante de la movida indie platense, se presentará por primera vez en la ciudad junto al Bicho Bolita y París Gatitos. Será el viernes, a las 23, en Teatro del Viento.
 
Neuquén > Sus amigos dicen que es una persona sencilla, como una especie de "gurú chamánico". Sus seguidores platenses dicen que cuando él canta, ellos se elevan del piso. Lo cierto es que, este muchacho de 30 años, oriundo de Comodoro Rivadavia, es una semillita más que alimenta al rock platense que pareciera reproducirse paralelamente a la humedad. "Rock platense", fenómenos que de todos modos tiene que ver con una cuestión de pertenencia y no debido a un sonido en común, más allá de algunos guiños estilísticos entre algunos proyectos.
Shaman Herrera se parece a Ignatius Reilly, el personaje principal de la obra del escritor norteamericano John Kennedy Toole, "La conjura de los necios", ganadora del premio Pulitzer en la decáda de los ochenta. Es un hombre enorme, con una voz grave, pero sólo físicamente se parece a ese tocayo oscuro y tirano de Estados Unidos.
Él, como contracara, se convierte en uno de los personajes principales de la nueva “ola indie” de la ciudad de las diagonales, no sólo por su música sino porque su sello distintivo aparece en la producción de  muchas otras bandas.
Para quienes quieran escucharlo podrán hacerlo el viernes, a las 23, en el Teatro del Viento (J. B. Justo 648), ocasión en la que presentará su último disco homónimo –también conocido como el disco plateado- que contó con la producción de Daniel Melero y realizará un repaso por sus cinco producciones anteriores, compuestas por discos de corta duración.
Estará acompañado por su amigo y colega neuquino/platense, El Bicho Bolita y su banda, los París Gatitos.

Cronista suelto
Shaman acaba de llegar de Europa ya que acompañó a “El Mató a un policía motorizado” en su gira. Una especie de “viaje de aventuras” que lo llevó a recorrer varios países, como Francia y Holanda, presentándose en "barcitos escondidos de pueblos perdidos a los que sólo se llegaba a dedo".
Allá, también presentó su disco que, además de haber sido producido por Melero (él dirá, “se lo propuse como en un acto de locura porque él siempre hizo pop y aceptó”) fue editado en simultáneo por Laptra (el sello de El Mató y de 107 faunos, entre otras bandas), Mandarinas Records y Peatón Discográfica.
Ahora, a días de presentarse en Neuquén por primera vez, él también se lo toma como un desafío: “Estoy muy contento de ir. La vez que fui con Sr. Tomate me trataron muy bien. Además está el Bicho Bolita, que es uno de mis grandes amigos y un referente de la canción independiente para mi desde que llegué a La Plata. Me animo a decir, también, que es uno de los mejores cantautores del país”, destacó Shaman Herrera.
En la oportunidad, además de sus históricos compañeros Tulio Simeone en batería y Tomás Vilche en bajo (de Comodoro Rivadavia y miembros de La Patrulla Espacial), estarán Esteban Cárdenas en guitarra, Nicolas Vigorado en trombón y Cristian Puschel en trompeta. “Todos de Comodoro”, dirá Herrera, orgulloso entredientes de sus orígenes patagónicos.

Música patagónica
“Los temas hablan de la temática con la que comencé hace ya muchos años. Es música que defino como patagónica, donde las letras hablan de esos paisajes y sensaciones que se generan cuando llegas a la Patagonia. Una introspección dentro de la inmensidad del paisaje”, destacó el cantautor que, en vivo, larga sus famosos hömeii, -canto gutural y místico que utilizan los pastores en las planicies rusas de Tuva-.
¿Por qué no volver entonces? “Siempre volvemos al sur, pero acá, además de la música, hemos armado nuestros proyectos de vida. Igual, la idea de la vuelta – como para muchos estudiantes- siempre está presente”, agregó el mismo hombre que sabe que es parte de algo más grande dentro de la movida independiente del rock, pero que llegó a “ser lo que es, sin pensarlo mucho”.


ESCENARIO
Reformistas culturales

Neuquén > Desde siempre, La Plata fue una especie de “hermana menor” de la Capital Federal. Sin embargo, a pesar de la sombra que la gran urbe produce, la ciudad de las diagonales (o donde las calles no tienen nombre, parafraseando a U2), siempre fue moderna, altiva y singular.
Y todo ese sueño de los europeos que la construyeron, se tradujo al rock. Nacieron frutos maduros como Los Redondos – después de la experiencia de La Cofradía de la Flor Solar - y Virus. Más acá, quizás con menos popularidad pero no por eso menos fuerza, los Peligrosos Gorriones, Las Canoplas, Estelares, Mister América, Adicta (que venían de los ochenta con Víctimas del Baile e Increíbles Ciudadanos Vivientes).
Lo cierto es que, debido a la amalgama de estudiantes que llegan de todos lados cada año  (sobre todo de la Patagonia, de Buenos Aires y con menos incidencia del Litoral), se forman menjunjes que, además de experiencias de supervivencia desprenden proyectos que se reproducen al ritmo de la humedad bonaerense.
Comenzaba  2004, tuve la oportunidad de vivir un tiempo largo por aquellas coordenadas y, paralelamente al paso de los meses, fui conociendo muchas bandas con las que entablamos una cordialidad de quien cree entregarle su fidelidad a un movimiento más grande.
Todas, y cada una de ellas, tienen una única obsesión: no parecerse a nadie y son proclives – al menos eso creíamos que ellos hacían- a crear pequeñas reformas culturales.
Más acá, los eternos contrastes reactivaron la dinámica cultural platense, donde la ansiedad se convertía en creación y se sumaba la poética siglo XXI.
Así, surgió “El Mato a un policía motorizado”, “Norma”, “Sr. Tomate” (dentro del rock alternativo), y actualmente, este hombre de Comodoro Rivadavia que ayuda a tejer la maraña de una generación que vuelve a tener al rock como carta de presentación. (G.W)

lunes, 5 de septiembre de 2011

¿La familia ante todo?

 

Por Guillermina Watkins
Neuquén >¿Hasta cuándo puede mantenerse una mentira?¿La familia es sólo una empresa que debe conservarse cueste lo que cueste? ¿El fin justifica los medios? Estos fueron los interrogantes que durante el fin de semana, los cientos de neuquinos que se acercaron al Teatro Español a disfrutar de “Todos eran mis hijos”, la obra dirigida por Claudio Tolcachir, se plantearon.
La apuesta basada en la novela que lanzó a Arthur Miller en 1947, contó con las excelentes actuaciones de Lito Cruz, Ana María Picchio, Esteban Meloni, Vanesa González y Martín Henderson, quienes mantuvieron expectante a un teatro colmado. Durante una hora, la obra supo conjugar una potente carga dramática con los típicos gags argentinos.
De este modo, la puesta dibujó una familia tipo que, después de la Segunda Guerra Mundial -y luego de que uno de sus dos hijos se suicide en combate -, pareciera haberse estancado en el tiempo.
Su madre lo espera ciegamente, al igual que su padre, quien salió airoso de un juicio por haber vendido a las Fuerzas Armadas armamento en mal estado, lo que causó la muerte de 21 pilotos.
Mientras tanto, el otro hijo se enamora de la ex pareja de su hermano, y la invita a regresar al pueblo. Es en ese viaje de vuelta, los velos de la familia -y los de una sociedad que convierte a sus “héroes” en “nadie”- comienzan a caerse.
Con la llegada de Ann se descubre la culpabilidad del padre de familia que, a costa de hacer negocios, arriesgó la vida de los pilotos e hipócritamente condujo a la muerte de su hijo. Detrás de esto, se encuentra la mujer que silenció para proteger a su marido y el otro hijo que, sin saberlo, fue funcional a esta estructura “empresarial” de la familia.
Y en ese vacío de la mentira, el fin: el padre se suicida, dejando más desnuda a su familia que antes.
Así, “Todos eran mis hijos”, además de una gran obra de teatro es una invitación a la reflexión que atraviesa décadas.

domingo, 28 de agosto de 2011

"Todos conocemos algo de esta familia"


Lito Cruz adelantó parte de lo que se verá el próximo sábado y domingo en el Teatro Español. El actor llega con “Todos eran mis hijos”, una obra de Arthur Miller que pone al descubierto la hipocresía de un época.

Una casa de madera. Un jardín verde brillante con el pasto recién recortado. Las sillas de mimbre claro que dan a una vista llena de flores. Y adentro, una familia que a pesar de parecer “normal”, discute. Se notan las tensiones y los secretos, la relación compleja entre los padres y los hijos, y un dolor que sobrevuela toda la escena.
“A la gente le gusta la obra porque tiene mucho que ver con lo que pasó en nuestro país en épocas de la dictadura militar”, explicó Lito Cruz, a días de arribar a esta ciudad con la obra “Todos eran mis hijos” de Arthur Miller.
La apuesta, dirigida por Claudio Tolcachir, debió suspender sus funciones en julio debido a la erupción del complejo Cordón Caulle. Por eso ahora, finalmente, se presentarán el próximo viernes en el Círculo Italiano de Villa Regina y tendrá dos funciones en esta capital.
De este modo, las entradas adquiridas para la función del 1 de julio servirán para el próximo  domingo, mientras las del 2 se usarán para el sábado. Ambas funciones serán a las 21 en el Cine Teatro Español (Av. Argentina 235).

El silencio, el miedo y la obsesión
Quienes ya pudieron verla cuentan que la obra está cargada de dramatismo y que, indefectiblemente, días después y casi como un efecto secundario, sobreviene  la reflexión.
Es que Arthur Miller -como otros escritores de su época- describieron aquellos años turbulentos de la Segunda Guerra Mundial en la que, con las bombas y las muertes, se derrumbaba también una forma de pensar la sociedad, mientras que otra no terminaba de nacer. Todo enmarcado en el gobierno de Mac Carthy, que había lanzado una persecución ferviente contra los comunistas.
Según Lito Cruz, “la tragedia sobrevuela la escena y uno está deseando que eso no suceda. La gente es atravesada por un texto que, si bien tiene muchísimos años, sigue vigente por su estructura y por lo que habla. Todos conocemos algo de esta familia”, destacó el actor que se pone en la piel de Joe Keller, un personaje ambiguo como los que -pareciera- le gusta interpretar.
Es que Oscar Alberto Cruz, más conocido como “Lito”, se encuentra en un nuevo “auge” de su carrera, un nuevo círculo de éxito que lo encuentra al frente de la novela que cada noche los argentinos deciden ver: “El Elegido”.
También es piedra fundamental de la obra de Miller que comparte con Ana María Picchio, Federico D´elia, Esteban Meloni y Vanesa González; además de una multiplicidad de propuestas.
Y aunque no para un segundo, entre avión y avión que lo conducen de gira por todo el país, Lito confirmó que la obra de Tolcachir tiene muy buenas repercusiones y que, a pesar de que no todos conocen la obra de Miller, la historia es muy cercana a la realidad de nuestro país en la época de los militares donde se escondía lo que sucedía fuera de los centros urbanos y había cosas de las que era mejor “no hablar”.
De este modo, se presenta una familia aparentemente feliz que sufre a escondidas el drama de un hijo desaparecido en la guerra, la negación de su madre a aceptar que éste puede haber muerto, las contradicciones de un padre que, además de ser propietario de una empresa de armamentos, provocó la muerte de 21 pilotos y se convierte en víctima y victimario, y un hermano que se enamora de quien fuera la novia del desaparecido, para casarse con ella como una manera de “enterrarlo”.
Lo que se destilará en el transcurso de la obra, además de una guerra que los precede, de los amores más que incestuosos y del policial negro (bien al estilo de los autores norteamericanos) que se esconde a lo largo de toda la trama, es la sensación final de cómo se va cayendo un mundo de velos y mentiras, sistema que antes los colocaba como victoriosos.

En los zapatos de los malos
“Por momentos me cuesta recordar el hombre que yo quise ser”, se pregunta en una escena Joe Keller, el personaje que interpreta Cruz en la obra. Y, al igual que el norteamericano, esa duda existencial es la que toma por asalto cada noche –a esta altura de la ficción- a Nevares Sosa, el abogado ambiguo que interpreta en la novela más exitosa de 2011.
“Me tocó darle vida a dos personajes que son malos, reos, para quienes el fin justifica los medios al mejor estilo de Adolf Hitler. Ellos creen que tienen todo en sus manos, todo bajo control, pero poco a poco se van dando cuenta que las cosas no son como ellos piensan. Yo intenté humanizarlos un poco con sus contradicciones y sus formas de pensar. No por algo uno encontraba a un Jorge Rafael Videla con una imagen de “buen padre” y resulta que era un genocida, o a un Strauss-Kahn con altos cargos en el BM y terminó siendo un violador”, destacó Cruz, quien es uno de los sostenes fundamentales de esta obra de Arthur Miller con un fuerte anclaje en el teatro realista.
Realismo que, según comentan los fanáticos de la televisión, también se viene dando en la pantalla chica. Ahora, no son sólo los unitarios los encargados de tocar temas “fuertes” (recuerden Okupas, Tumberos, Sol Negro, Disputas), sino también las novelas en horarios centrales como el caso de “Vidas Robadas” o “El Elegido”.
“Me parece extraordinario que se traten temas que antes no se tocaban. Esperemos que la tendencia continúe en los unitarios, en las novelas, en las películas y los ciclos que salen una vez al mes. Porque son todos temas que nos importan a los argentinos, como fue “Vidas Robadas”, donde se trataba el tráfico de mujeres o, en el caso de "El Elegido", donde se toca el tema de la tierra de los aborígenes y su lucha que es fundamental en nuestro país. Así, el arte sólo puede mostrar una realidad que muchas veces se expresa en los escritorios y así, los reclamos quedan en las minorías”, agregó Cruz.

Salvarse de los vicios
Lito Cruz tiene 70 años y una vasta experiencia actoral. Estuvo alejado de la televisión un tiempo pero 2011 lo encontró rodeado de jóvenes directores y guionistas que lo convocaron para ser la carta de presentación y estrella fundamental de las obras.
Trabaja con Tolcachir, joven director de 34 años que, a pesar de tener experiencia, nunca se había enfrentado a una persona con más de 50 años de trayectoria como él. Según afirma Lito, el cruce generacional resulta “maravillosamente enriquecedor”.
“Claudio, limpiame” fue la frase que le dijo Cruz a Tolcachir en el momento de aceptar el papel de Joe Keller. Ese “limpiame” hacía referencia a que lo ayudara a sacarse esos “vicios” que tiene como actor, que son esas fórmulas comunes de resolver las encrucijadas actorales.
Por su parte, el joven director agregó que “siempre es enriquecedor trabajar con gente que vivió tantas experiencias en el teatro y en la vida” y que su trabajo es el de “aportarle cosas nuevas a esta gente que tiene un deseo muy fuerte de trabajar”.
Y claro que Lito las tiene. Al principio se rehusó en participar de la novela que su alumno y ahora director artístico/compañero de novela, Pablo Echarri, le ofreció. Lito sabía que sería un éxito pero aún así le costó asumir.
“Acepté porque, en definitiva, el proyecto de entrada era muy bueno. Pero también por la calidad humana de sus creadores, entre ellos Pablito (por Echarri) y por los actores con los que comparto las grabaciones”, destacó Cruz.
¿Cuál es la fórmula del éxito de “El Elegido”? “Yo creo que el programa tiene dos hombres fundamentales que son Martín Seefeld (Producción General) y Pablo Echarri (Director Artístico). Ellos comandan el proyecto, lo hacen funcionar todo el tiempo porque, al hacerse cargo los actores de las producciones televisivas, la novela funciona como un todo”, destacó.
De este modo, Seefeld y Echarri funcionan como “intermediarios” entre la novela y el canal y controlan que cada una de las tomas funcione de la manera que ellos se la habían imaginado. Lito cuenta que durante las grabaciones es común verlo a Echarri, vestido de Andrés, pidiendo que se vuelvan a grabar escenas, o tomas, o cambiando la orientación de las luces de la sala de grabación, entre otras cosas.
“La novela no somos ni yo ni Pablo Echarri, somos todos. La obra de teatro no es sólo la genialidad de Arthur Miller ni Tolcachir, somos todos. Lo fantástico de la obra “La Otra”, no es nadie más que todos nosotros llevándola hacia delante y el espectáculo en las cárceles, bueno, qué más que los presidiarios dándonos una devolución fantástica en cada show que nos permite seguir creciendo en la puesta en escena”, concluyó Lito Cruz, un actor convencido en que mientras tenga vida, habrá actuación. (G.W.)

miércoles, 24 de agosto de 2011

"Reinventarse o morir", esa es la cuestión


Dos de los miembros de La Fura dels Baus y su director adelantan por qué es tan importante ser vanguardistas dentro de lo clásico.
 
Neuquén > La pregunta que surge en la cabeza de los miles de espectadores, a tan sólo dos días de que La Fura dels Baus se presente en el Gimnasio del Parque Central, es ¿está todo inventado en este mundo del Siglo XXI?.
Para Pep Gatell, catalán que está al frente de esta máquina vanguardista hace más de 30 años, y sus compañeros de “cacería” –como denominan ellos el salir de gira- pareciera que no.
“El secreto está en reinventarse todo el tiempo y en ir agregando todas esas disciplinas que de a poco hemos venido sumando. Nuestro lenguaje se reinventa todo el tiempo y va sumando fureros a lo largo del planeta”, destacó Gatell, con su figura típica de catalán moderno detrás de unos simples anteojos de marco negro.
Aquellos que se animen a vivir una experiencia única, donde el espectador se convierte en parte fundamental de “Degustación de Titus Andrónicus”,  podrán conseguir sus entradas en sucursales de Saturno Hogar y en la boletería del Gimnasio del Parque Central (Sarmiento y Don Bosco). El costo es de $290 y se podrá abonar con tarjeta Nevada hasta en 3 pagos.
La adaptación de la obra de William Shakespeare, que además tiene la participación fundamental del chef Andoni Luis Adúriz -del restaurante vasco Mugaritz (uno de los mejores del mundo)-, tendrá dos funciones locales:  el viernes y sábado a las 21.30.

Como una gran familia
Todos los integrantes de esta gran compañía que montará la tragedia clásica de Tito Andrónico, acuerdan en que estar en la Fura es como formar parte de una de esas familias numerosas donde todos hacen de todo a la vez. Y que, como piezas de un engranaje de algo mayor, van sucediendo cosas “inesperadas” que los van uniendo aún más, casi como si fuera un destino pertenecer a ella.
Y claro que lo es. Hoy, a más de 32 años de sus inicios en el teatro de vanguardia post franquismo, La Fura se convierte en el referente de muchos grupos teatrales y algo más. Según María Pérez, de 26 años y proveniente de Cádiz, entró en shock cuando recibió el llamado de la producción para formar parte de este gran proyecto.
“El primer día fuimos convocados todos los actores a una fábrica abandonada a hacer una especie de lectura colectiva de la adaptación que Salvador Oliva había hecho sobre la obra. Y cuando llegué todos iban cargando cosas, con palos de hierro, martillos, no entendía nada. Y de pronto me di cuenta que ése era un ensayo donde Pep nos decía muévanse sobre la estructura y, ¡ostias!, no había ninguna estructura ahí, tenías que imaginarte todo y a la vez ir actuando. Es como tener un acto de fe a lo que va prestidigitando Pep”, comenta entre risas María, mientras Carles Figols, como contracara, uno de los más antiguos en el grupo, asiente.
“Reinvertarse o morir es la cuestión. Yo estoy desde 1993 y cada día me sorprendo más. Aunque sea difícil hacerlo después de treinta y pico de años, siempre es posible hacerlo”, destacó Figols.
“De todos modos la parte escenográfica ya estaba clara desde entrada y bueno, después les dejamos las escenas en las manos de cada actor para que vayan resolviendo. Partimos de la idea de que ellos no pueden ser otra cosa que ya no son. Desde el casting ya tienen que tener ese espíritu furero de ir más allá porque mientras su yo interno dé para ese papel el público también se lo creerá”, agregó Gatell.
“Siempre nos preguntan qué nos tomamos antes de hacer la obra y nosotros les decimos: '¿a ti te parece que yo pueda tomarme algo antes de colgarnos, de subirnos a tarimas, de hacer saltos?' No podemos hacer cosas locas antes de las presentaciones”, aportó Carles que interpreta a Marco, hermano de Tito.

Todos para uno y uno para todos
Pep Gatell, además de ser un gran dramaturgo y alma mater del proyecto, es hincha del Barsa y compara a su grupo  teatral con el del considerado mejor equipo del mundo, donde la técnica es básica y fundamental: todos atacan y todos defienden, no hay más vueltas.
“Una de las mejores cosas que te pasan en la Fura es que acabas sabiendo mucho de otras cosas además de teatro. Es más, después puedes ir a cualquier obra de teatro y montarla entera tú mismo. Nunca te vas a quedar en el camerino esperando a que te toque interpretar tu parte, sino que siempre estás haciendo de todo. Nosotros valoramos la calidad humana y el respeto por el trabajo del otro porque todos trabajamos para lo mismo”, concluyeron Gatell, Pérez y Figoll a más de un año y medio de gira con “Degustación de Titus Andrónicus” que se espera seguirá rodando hasta febrero/marzo de 2012, momento en que comiencen a ensayar una nueva puesta en escena.
Todavía no vimos ésta pero ya queremos saber de qué se tratará la próxima.

martes, 23 de agosto de 2011

Cronista de una Nación


En un show de poco más de una hora, la cantante entrerriana Liliana Herrero, se presentó el domingo en el auditorio del MNBA con un show acústico.
Acompañada por Pedro Rossi, músico que trabajó con ella en “Este tiempo”, su última producción, la intérprete realizó ante una sala llena –y muchos que lo vieron desde afuera-  un recorrido por el nuevo disco y algunos temas viejos.
Como en cada show, su intención es la de una cronista que recorre todos los paisajes, las vivencias y los personajes del interior del país a través de sus sonidos y ritmos típicos. Para Herrero no existen las fronteras delimitadas por alambres de púa y dibuja una nación desde la poesía.
Por eso, en consonancia con la presentación sureña, inauguró el show con una gran versión de “Tu nombre y el mío”, del viedmense y promesa de la canción argentina, Lisandro Aristimuño. Luego, y como en el disco, le llegó el turno a “Antiguo Barracón” de Ramón Ayala, que habla sobre el Litoral que la vio crecer.
Le siguieron “Montevideano”, de Fernando Cabrera, que no forma parte del disco, y el público comenzó a aplaudir la melodía típica del candombe uruguayo. A esa altura, los neuquinos que se acercaron al evento fueron formando parte de cada canción.
Hubo tiempo para chacareras del compositor salteño Pepe Núñez, chamarritas (estilo musical de la región litoraleña) ejecutados por Pedro Rossi, la palabra de Fandermole y su descripción de esas “otras Argentinas” y más milongas de Juan Falú y Pepe Núñez, entre otros.
Tampoco faltaron las anécdotas de cuando Luis Alberto Spinetta le regaló “Bagualerita” o - y el momento más emotivo del show- cuando cantó “Se me va la voz ” de Guillermo Klein, que le cantó a Mercedes Sosa en sus últimos minutos. “Ella está dentro de cada cantor de Latinoamérica y de nuestro país”, concluyó Herrero de quien ya dicen lo mismo las nuevas generaciones.