lunes, 31 de agosto de 2009

UN SOLDADO DE VARIOS FRENTES


Luís Pazos es platense, periodista, escritor, poeta y político. Detrás de su mirada calma, se esconden varias historias. Un hombre que encierra muchos hombres y varios años de la realidad argentina. Miembro fundador del grupo Escombros en 1988, supo erigirse y denominarse como un "artista de lo que queda" y mostrar que se puede hablar de un arte como herramienta de crítica y denuncia social y también, a través de su actividad periodística, continuar en esa misma línea: "por la construcción de una democracia que cree almas libres, y no la democracia ficticia que tenemos desde 1983", aseguró a LA VUELTA AL MUNDO.


Nota para el curso de Hernán López Echague

"La línea que separa la política del arte es tan difusa que es imposible verla", Luis Pazos arroja la frase al pasar en una de las oficinas del diario El Día. Poco de arte hay en este cuarto; una luz oscura se refleja en la escultura en hierro cubierta de tierra; a su lado, asoma, desafiante, una gran biblioteca de algarrobo; una pila de diarios amarillentos en desorden tapa un puñado de libros que permanecen sin que nadie los lea. Luis llega caminando despacio, como si algo le pesara en los hombros; arrastra los pies y mantiene los ojos fijos hacia el piso. La sonrisa de niño con dientes desparejos convive con el respeto que sus colegas- aún en silencio- le profieren. Avanza por la redacción, cómodo, como pez en el agua, dentro del diario que lo vio dar sus primeros pasos. Detrás de su mirada eternamente acuosa y su tranquilidad aparente se esconde no solo un periodista, también el poeta, el escritor y uno de los principales fundadores del grupo artístico Escombros.

No habla mucho, su reino se eleva en los cuadernos de tapa dura que alguna vez usamos en el colegio. Ahí anota todo: alguna idea que se le cae, el sumario para llevarle al jefe de redacción a las cuatro de la tarde, las acotaciones que le hacen los cronistas jóvenes. Todo. A veces se cuelga y se pone a escribir alguna copla, algún poema de la vida, del amor, de la muerte. La muerte, algo a lo que siempre le tuvo miedo y ahora, con sus casi setenta años, le mete el pecho más que nunca; siente que ya no tiene nada que perder.

Quizás por eso los Escombros se autodenominan “artistas de lo que queda”, el grupo que surgió en 1988, años en los que ya denunciaban la “falsedad” de una democracia que comenzaba a gestarse; una democracia a la que se le cayó el velo en 1999 y que hasta ese entonces muy pocos hablaban. Y menos desde el campo de lo artístico. Hombres y mujeres de más de cincuenta años lo acompañan en una vanguardia en la que todos son sobrevivientes de la última dictadura militar. Luis se acuerda de esos años con nostalgia de su juventud y ánimo explorador. Esa etapa en la que se formó como profesional y donde ajustó las tuercas de su pensamiento.

Para él, la discusión de si el arte por el arte, o el arte y compromiso político, ya está saldada. "Toda obra de arte debe reflejar la realidad social y política que se está viviendo en el lugar en el que se desarrolla, desde una actitud crítica. Y está dirigida a ampliar o a modificar la conciencia del espectador. El arte es para hacer pensar; no sólo para gozar estéticamente, para brillar socialmente o directamente para hacer dinero, que son las opciones de arte que hay", para él el arte debe señalar los problemas, plantearlos; y aún llevando a cuestas el peso del disgusto con la política, cree que ésa es la materia que debe encargarse de pelear por el bien común de los ciudadanos. Algo que venga y de un sopetón cambie las cosas. Algo que permanezca en el tiempo. Que no sea volátil.

Lo único efímero es el arte que Escombros hace cuando monta, por ejemplo, obras hechas de cartón para que luego los cartoneros se los lleven; efímera es la vida para Luis y por eso siente la necesidad de eternizarse en cada cosa que hace. De allí nació la primera muestra que montaron bajo la autopista de Paseo Colón y Cochabamba, en San Telmo, en la que varias fotografías de cuerpos torturados eran expuestas a los ojos de cualquiera. Ellos decidieron correr el riesgo de parecer antidemocráticos porque cuestionar la tan esperada democracia durante los ochenta, sonaba a fácil gorilismo.

Un escritor sobre los escombros

La palabra escombros remite a una ciudad desierta, en ruinas; un edificio derrumbado en el que sólo las cucarachas se asoman como únicas sobrevivientes del desastre. Algo así se imaginaron de Argentina Luis y sus compañeros cuando pensaron el nombre del colectivo artístico. “Escombros surge porque veíamos al país destrozado y pensamos que el nombre duraría hasta en tanto y en cuanto las cosas mejoraban. Sin embargo no pudimos, hoy deberíamos llamarnos Lo Roto, Boludo”. Una risa tímida por la mala palabra utilizada y la bronca de lo dicho, lo toman por asalto; cuando habla de las consecuencias sociales que dejó la última dictadura militar, el genocidio, la tortura y el miedo, algo en el cuerpo pareciera presionarlo a la silla; esa silla que lo hace sentirse vivo y acá en la tierra, en su despacho del diario, trabajando todos los días en lo que más le apasiona, que es el violento oficio de escribir. “Trabajé en varios medios que, bueno, en algún punto apoyaron varias momentos políticos con los que yo nunca estuve de acuerdo. De alguna manera canalizaba a través de mis escritos, del arte, a través de Escombros. Tuve miedo a la pobreza, de no poder darle a mis hijos un futuro”. Roza la ambigüedad en un santiamén y trastabilla al contestar. Algo en su voz cambia cuando se asume sobreviviente de la vida y no sólo del golpe de Estado. El haber llevado dos vidas, dice, es ese peso que lo empuja al caminar. Haberse asumido como sobreviviente hizo que sólo se dedicara a eso, a sobrevivir.

Pero él no baja los brazos y alienta a todos a no hacerlo, a seguir luchando. Nunca su nombre fue sinónimo de miedo completo. Por eso se internó muchos meses en Catamarca para escribir “No llores por mí Catamarca”, libro que le mereció premios nacionales y que partió de la cobertura del caso María Soledad Morales. "Fue lo mejor que hice en mi vida, aún mejor que el grupo Escombros. Una experiencia de vida increíble, me pasó de todo, me rompieron a patadas, me tiraron tiros, pero había una causa justa", asegura el periodista con una sonrisa dolorosa. "La Catamarca en donde fue asesinada María Soledad se caracterizaba por ser una sociedad donde el rumor se identificaba con la verdad. Donde la amenaza era una metodología política. Donde el empleo público era una forma de dominación impuesta por el gobierno. Donde el poder político hacía gala del más crudo nepotismo. Donde los hombres de ese poder tomaban decisiones en un prostíbulo", relata la contratapa de la novela periodística que escribió en colaboración con Alejandra Rey.

Hoy se considera el “entrenador” de los cronistas jóvenes del diario EL Día. “En la calle está todo, por eso yo los mando ahí”. Levanta sus banderas de autodidacta con orgullo. También levanta despacio su leve cuerpo, se prepara un café espresso y lo trae, tembloroso, a la mesa de vidrio vigilada por aquella escultura desvencijada. Entre sorbo y sorbo cuenta que además de continuar escribiendo para el colectivo de arte está desarrollando su faceta como poeta; faceta que había guardado en un cajón de su casa allá lejos y hace tiempo.

Pazos permanece tranquilo mientras, al lado, en la redacción, los periodistas trabajan con la presión del día: que gripe A, que robo allá, que elecciones acá; Luis no presta atención, se entrega a la nota como quien se arroja a los brazos de una novia enamorada y recuerda a una morocha que conoció en un viaje a Cuba, María de los Milagros y sus enormes caderas, recuerda los boleros que bailó, las bebidas que tomó, y su admiración por el Che Guevara. Recuerdos que lo definen como un tipo multifacético.
Porque Luis Pazos es un soldado de varios frentes.

3 comentarios:

Sergio Gabriel Otero dijo...

Escribis muy lindo, sos muy visual al hacerlo. Desde el comienzo (algo romantico para mi gusto) hasta el final, conseguiste llevar mi imaginacion dentro de esa oficina de redaccion junto a ustedes, y hacerme sentir que estaba participando a hurtadillas de esa charla. Me gusta mucho tu estilo para escribir. Felicitaciones

Alberto Moya dijo...

Qué grosso Luis Pazos, un tipazo del que, además, es posible aprender mucho de este oficio. ¡Qué envidia tenerlo para vos solita! Alberto Moya

Vilma Guillermina Watkins dijo...

Gracias Moya! Gracias Sergio!
Y Sí, la verdad un orgullo haber laburado con Luis.
Besos :)